La herida que muerda

A esta hora 2:30 de la mañana,  quisiera plasmar estas líneas  recordando uno de los libros del padre Ricardo Bulmez, lectura que recomiendo, pues escribe con una maravillosa sencillez y un toque de humor muy peculiar,  en los que podemos encontrar reflexiones muy conmovedoras  para la vida.  En esta oportunidad quiero hacer referencia a uno de sus relatos en el cual comenta que una vez durante su niñez vio a un perro tirado en la calle, lo había atropellado un carro. Para aquel entonces pertenecía al movimiento de scout.
Por ello se dispuso a rescatar a este animalito, detuvo el tráfico y pretendía entablillarle las patas, según su manual de scout.  Con mucho amor se acercó y agarró al perrito, sin embargo para su sorpresa el perro lo mordió. Y debido a este incidente trasladaron a Bulmez para la sanidad y lo inyectaron contra la rabia.
Esa fue una decepción en su intento por hacer el bien, durante muchos años no lograba entender por qué el perro lo había mordido, si el sólo quería salvarlo, curarlo y tal vez adoptarlo. Pues es comprensible que alguien trate mal al que le haga daño, pero no a quien lo quiera ayudar.
Pasaron muchos años hasta que logró ver claramente que no era el perro en si que lo había mordido sino su herida y hace esta maravillosa reflexión:
Cuando alguien está mal,
no tiene paz está herido del alma
y si recibe amor o un buen trato : ¡muerde!
Pero no es él quien muerde,  sino su herida
Y nos invita a comprender el malestar de las personas que nos rodean. Muchas veces cuando alguien trata mal, grita, ofende o hace daño,  actúa así porque está herido del alma, se siente mal o está atravesando por una situación difícil en su vida.
Para ello recomienda no defenderse, ni criticar sino comprenderlo, aceptarlo y ayudarlo.
Excelente reflexión, muchos de nosotros en algunos momentos de nuestras vidas nos hemos sentido mal del alma y tal vez hemos mordido a la gente que nos quiere. Un ejemplo sencillo cuando alguien está de mal humor y llega una persona a querer animarle a mejorar su ánimo, y resulta mordido con un mal trato.
No hemos sido nosotros los que mordimos intencionalmente, sino nuestra herida,  que además de hacernos daño  también afecta a las personas cercanas.
Somos humanos y nadie es ajeno al dolor, como lo he comentado en otras oportunidades son etapas que experimentamos para crecer.
Y ¿qué debemos hacer cuándo nos percatamos que alguien está herido del alma?
Como nos indica Bulmez comprenderlo y ayudarle; particularmente recomiendo acompañarlo, escucharlo, aceptarlo y tener paciencia, tolerancia ; no obstante es importante darle espacio a esa persona, acompañarle no siendo invasivo ni intervenir en su proceso. Y este mensaje me llegó esta semana y  trato de transmitirlo de la forma más clara: todos somos humanos en procesos y etapas de vidas distintos, nada de los que nos pasa es casualidad, cuando atravesamos ciertas crisis, dolor o heridas del alma es para buscar sanación, para crecer y cada quien debe obtener su aprendizaje, evolucionar con esa experiencia.
Si queremos ayudar pero somos invasivos, podemos interferir  en su aprendizaje que la vida se lo está colocando allí para que crezca, para que supere la prueba. Hay que medir bien lo que es acompañar, ayudar sin intervenir o entorpecer el proceso de vida del otro. Dios no le da a nadie cargas con las que no pueda.
Por otra parte ¿y si somos nosotros los que estamos heridos del alma?
Estamos en proceso de sanación, en la mayoría de los casos las causas son rencor, rabia, falta de perdón,  etc.  Son emociones negativas que debemos soltar y liberar, para estar ligeros de equipaje emocional.
El rencor, odio, la falta de perdón causan mucho daño a la persona que los experimenta, y pueden producir enfermedades mortales. Se convierten en esas heridas que muerden a la gente de nuestro entorno y a nosotros mismos
Para muchos no es un secreto que en nuestro camino nos encontramos los denominados  maestros de vida, la mayoría de la gente cree que son sólo las personas especiales que te inspiran ; pues también se trata de los que te encuentras como rocas y obstaculizan tu camino. Un jefe con el que te llevaste mal, una hermana que ha sido de trato difícil contigo, un ex novio mujeriego y mentiroso, etc.  Y son de estos maestros de vida que más aprendemos. Hasta que no superemos la prueba estarán allí haciéndonos resistencia, y si nos alejamos, no enfrentamos el aprendizaje la vida te colocará otro maestro con similares características hasta que aprendas la lección.
Mi opinión personal: no hay nada que perdonar,  creo que cuando te llenas de amor y ves tu pasado te percatas que sencillamente sólo debes soltar  al universo, lo que pasó ya es parte de tu pasado, experiencia de vida!  Cuando adoptamos el papel de víctimas vemos a los demás como los malos,  «me hizo daño «, etc. Sólo tienes que cambiar la forma de ver las cosas, si las miras a través del amor toda la perspectiva cambia.
Sin embargo para aquellas personas a las que se les hace difícil liberarse de esas emociones negativas,  les recomiendo las terapias del perdón,  son muy buenas. Le ayudará a ser libre, a sanar. El perdón nada tiene que ver con volver con un ex novio mujeriego, o compartir con el asesino de un familiar,  pues no. Consiste en abrir las puertas de tu alma y dejar ir todas esas emociones negativas,  soltar.
Recomiendo una meditación en la que te imaginas la persona o la situación, y le dices:  te libero y te dejo ir, gracias por el aprendizaje. Muchas veces también importante el perdón hacia nosotros mismos, la gente a veces vive con un dolor interno por sentir culpa.
No hay nada que perdonar,  sino tener disposición a soltar y pasar la página, continuar el camino, nada es bueno o malo sencillamente «es» . Eres un ser que vino a ser pleno, asume tu poder, suelta el drama, no te aferres al dolor.  Sana las heridas que muerden y sé feliz. Mira la vida con amor, y así entenderás que alguien quizás te maltrató porque estaba herido, o quizás te comportaste en determinada situación de una forma no adecuada porque  te sentías mal, ,o tenías una visión errada o limitada en ese momento,  etc.
Como dice una canción de reguetton «lo que pasó, pasó » no tiene sentido seguir atados a eso. Tu vida sigue,  y para que puedas disfrutar, seguir tu vuelo,  entonces libera, deja ir las emociones que no te funcionan, que te limitan y te muerden el alma.
Vamos a dejar ese papelito de víctimas, tienes el timón de tu vida,  confía en Dios, pídele sanación para tu alma, que guíe tus pasos, que te fortalezca y si es necesario que te de un nuevo corazón.Entre sus respuestas te regalará un nuevo amanecer, una nueva oportunidad.

También es importante renunciar a juzgar y criticar,  no eres nadie para hacer eso. Sólo Dios puede juzgar y creo que ni siquiera lo hace, porque su misericordia y amor escapa a nuestro entendimiento ; entonces tu pequeño  saltamontes serás más libre en la medida de que dejes de ser juez de los demás,  cada persona tiene su cruz, sus procesos, que sólo estando en él podrías comprender. Lo certifico, juzgar y criticar es un vicio; soy humana lo entiendo perfectamente porque lo he experimentado en carne propia.

Quisiera aclarar lo siguiente,  somos humanos tenemos el derecho de experimentar dolor, ira, rabia,  etc. Lo reconocemos y aceptamos. Lo que es dañino es permanecer atados a eso por mucho tiempo, debemos hacer una limpieza mental y emocional con regularidad. Pues mucha gente vive con esas emociones por años en su interior, lo cual consume el alma, nos destruye, es un peso que impide volar alto. Iremos por el camino mordiendo a otros, porque no tenemos paz allá en lo profundo del alma. Sé tolerante contigo y con los demás.

Quizás nos pase como Ricardo Bulmez con su relato del perro y años más tarde lleguemos a comprender que aquella persona  no nos maltrató intencionalmente sino que eran sus heridas internas las que nos mordieron.
La invitación es sanar las heridas que muerden,  llénate del amor de Dios,  esa es la sanación suprema. Y ser comprensivos en nuestro camino con los que tienen malestar del alma.
El amor lo cura todo, es mágico.
Bendiciones y sigamos nuestro camino.
Eglee Yadira


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