La idea de morir

El tema de la muerte lo hemos aprendido por mera observación, es decir, alguien muere y grabamos su reacción dolorosa ante ese suceso, por lo tanto, tenemos imágenes, sentimientos, emociones que de tan sólo pensar en ello, nos conecta con ese dolor aprendido, pues ha quedado archivado en nuestra mente.

Es la mente quien nos proyecta esa gran historia que nos contamos a diario, por eso, resulta muy fácil que la muerte siendo de mi grupo familiar o no, la relacionemos con una pérdida, un vacío, una ausencia, conectándonos finalmente con nuestras carencias, que en un mundo de tantas carencias, termina reproduciéndose más y más carencias de tipo afectivas.

-El llanto como que es contagioso?- preguntaba una madre en una reunión familiar donde nos encontrábamos varias madres con hijos pequeños y otros no tanto, en los más pequeños el llanto se reproducía, en uno y en otro niño. No sólo el llanto, la risa también, me respondí, reflexionando para mi propio consumo.

Somos unicidad, tanto así, que sorprendería mucho saber, que hasta no lograr la masa crítica requerida para exclusivamente contagiarnos de risa, será el llanto quien reine.

Seamos conscientes:

Elegimos una y mil veces el sufrimiento como experiencia, en busca de la verdadera trascendencia.

Aunque resulte pertinente aclarar que obviamente no podemos estar llorando ni riendo todo el día, la idea es utilizarlo como ejemplo para representar amor-miedo, frecuencias vibratorias del Ser. (Aunque sabemos por el diario vivir, que llorar no es exclusivo del sufrimiento y la risa tampoco del amor).

Pareciera que nadie quiere morir. Me llama la atención e imagino que voluntarios nunca tiene, ni tendrá la muerte, pero que tal si no fuese lo que nos han enseñado, contado o pintado? A todas todas, no recibimos memorando con la propuesta, ni pretendo que salgan voluntarios, al contrario, es una invitación a vivir más conscientes aceptando la ley natural de la vida, con lo cambiante, lo incierto, sus ciclos, etc.

Alguna vez soñé que moría, me refiero, que en completo estado de reposo (mientras dormía), lo soñé, lo que recuerdo es que accidentalmente iba a pasar una máquina compactadora de tierra con un GRAN rodillo por encima de mi carro, el cual, era fácilmente destructible por aquella gran máquina, y yo me encontraba justo allí, dentro del vehículo, y cuando me percaté de lo que estaba por suceder, sabía que no contaba con suficiente tiempo como para salir del vehículo y/o apartarme de la máquina aplanadora.

Se supone además, que debía despertar al sólo percibir la idea de morir dentro del sueño, lejos de todo pronóstico, abandonando todo intento de escaparme de aquel desenlace, de aquel final, lo que me quedó fue tiempo para pronunciar estas palabras “ok Padre (Dios), no me da tiempo de salir del carro, sin que igualmente sea aplastada por la máquina, perdón por ni siquiera intentarlo, creí que me faltaba hacer más cosas (simultáneamente pasaron fugaces imágenes en mi cabeza, especialmente de mi pequeño hijo y mis padres), veo que es el momento, lo acepto, y estoy lista”, sintiendo con mucha fuerza que todos (mi familia) estarían bien, porque yo lo estaba, lo cual resultó maravilloso porque sentí mi entrega sin apego.

Acto seguido, desperté en paz. Desperté en mi cama, sorprendida, extasiada de que aquella idea de haber muerto, haya sido así, creo que lo que murió fue la idea antigua de que morir fuese malo, dándole nacimiento a una nueva idea, de que vivir solo se comienza realmente cuando matamos esas historias que nos han contado, acerca de tener miedo a todo, incluyendo a la muerte y a esa enfermedad tan generalizada de creernos el personaje que interpretamos, apegándonos a él, apegados a todo lo material y a quienes amamos. Y es el apego, la principal causa del sufrimiento humano.

Me da mucha paz saber, que tal vez la realidad que doy por real, no es más que una ilusión.

Me da mucha paz saber, que nos reencontraremos en el tiempo perfecto y que no hay razón para el sufrimiento, pues todo lo que ocurre es para nuestro bien más elevado y el de todos los implicados.

Elige siempre la paz, elige que la idea de morir (tu muerte o la de otro) es para tu o su bien y el de todos los implicados, pues encierra un sin fin de aprendizajes y lecciones.

Elige siempre la paz, que la muerte ocurra como ocurra, que nos regale solo milagros, y no es precisamente ese de poder dar vuelta atrás, por el contrario, es de poder mirar hacia adelante, evitemos darle significados a las formas, buscar culpables, sentirnos culpables, evitemos los juicios, proyectar nuestros pesares, nuestras heridas sin sanar, especular, suponer, elaborar razonamientos y aplicaciones de la supuesta lógica, pues muerte es muerte, no hay distinción que valga, las razones sólo son ilusiones aplicables en el plano terrenal quienes nos desgastamos llevando los índices de muerte por enfermedad, infartos, suicidios, accidentes, asesinatos, abortos, etc, incluso la muerte natural, que es aquella que ocurre cuando dejan los órganos de funcionar con los años, que son casos muy aislados y contados.

Por un momento, vuelve a la paz, vaciando tu mente de significados, y si te sienta bien, hazlo un hábito en tu vida. Disciplina tu mente.

Corregir nuestra mente, puede ser muy sanador, tanto en lo individual como en lo colectivo, un gran abrazo energético para que con gracia y facilidad la comprensión finalmente llegue.

Dios nos Bendice!



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