La importancia de “Hacerla Feliz…”

De vuelta al país con entusiasmo y optimismo me dispongo a ponerme al día con asuntos del libro y retomar la campaña “Hacerla Feliz…”. Como todo motor que necesita gasolina vuelvo a evaluar cuál es el propósito y motivación de todo este asunto sabiendo que no se trata de vender los ejemplares restantes ni recibir la caricia al ego que implica ser leído o escuchado. Hay un objetivo mayor que tampoco se queda en ofrecerle herramientas al hombre para que conquiste o mantenga contenta a una chica o a varias.  Hablamos del entendimiento y armonía entre géneros que, indudablemente, son distintos en muchos aspectos. En entregas anteriores me referí a las diferencias entre el hombre y la mujer que parten desde la propia estructura cerebral de ambos, pero no todo es biología. Si nos ponemos metafísicos, desde el primer torbellino electromagnético al principio del tiempo toda la esencia universal fue dividida para ser experimentada por partes. La primera dualidad fue conocida como femenino (generación) y masculino (dirección). A partir de allí aceptamos la existencia de luz y oscuridad, frío y calor, bueno y malo, múltiples pares que ejemplifican el principio o Ley de Polaridad donde todo, absolutamente todo, tiene su opuesto y complementario. El ser humano no es la excepción. Desde su composición en ácidos y bases hasta su separación en hombre y mujer, cada persona contiene y es contenida por extremos positivos y negativos. Debemos entender que todo existe en función de su contrario. Así como no hay norte sin sur, tampoco hay macho sin hembra, ambos polos que a pesar de ser opuestos, son unidos por una inmensurable fuerza.

La Importancia de Hacerla Feliz 2Esa sería la primera gran meta. Educar, informar o recordarle al hombre la fascinante criatura que es la mujer y las peculiaridades que la pueden tornar incomprensible muchas veces. Al igual que todos los elementos del cosmos, nosotros fuimos divididos para ser comparados, asimilados e integrados. Estudiar a las féminas no sólo nos permitirá conocerlas mejor a ellas sino también a nosotros mismos. Con el conocimiento en la mano se puede emprender la tarea de complacerla y satisfacerla. Segundo objetivo.  Porque si el hombre asume que él es más simple o ella es más compleja (sin juicios de valor), podrá añadirle un poco más de paciencia y esfuerzo efectivo a la relación generando jóvenes que serán mejores novios u hombres que serán mejores esposos. Y los beneficios no se detienen allí. Una pareja feliz marca el punto de partida, ya que la pareja es el núcleo de la familia y la familia es el núcleo de la sociedad. Eso es inspirador. Los grandes cambios que se pueden lograr a raíz de un hombre que verdaderamente se dedica a dibujar sonrisas en su compañera. Sin embargo, el planteamiento tiene un detalle. Un organismo a beneficio de los refugiados surge cuando hay gente que no tiene casa ni comida. Un movimiento por la paz se forma cuando hay guerras. ¿Quiere decir que una campaña para Hacerla Feliz aparece cuando las Mujeres son infelices? ¿Tantas féminas desdichadas han acudido a mí como para decidir emprender tal cruzada?  Y, de ser así, ¿en verdad la responsabilidad es mía o de cualquier otro hombre que se cruce en su camino?

shutterstock_130689605Creo que mayor eficiencia se lograría con el enunciado “Hacerme Feliz…” porque está sobre los hombros de la mujer su propia alegría y satisfacción. El hombre, más que hacerla feliz, sólo debería mantenerla feliz o hacerla más feliz. Así como no recomiendo la dependencia económica, tampoco estoy a favor de la dependencia emocional. No hay media naranja, ya la mujer es una fruta completa. No hay almas gemelas, ya la mujer tiene un alma completa y a lo largo del recorrido podrá ver cómo varias almas son compatibles con la suya. Es necesario desechar la expectativa máxima de muchas de Ellas: esperar por él…  ¿Para qué sembrar todas las esperanzas en el mañana, si la vida es hoy?  ¿En serio la existencia de una dama no vale nada si no llega ese príncipe azul?  ¿Ya no es una princesa por sí misma?  ¿Le toca al hombre que venga, o al que ya está, responsabilizarse de que su vida sea grata como si ya no le costara lograrlo con la propia?  Es una falta de consideración. Ningún hombre puede ser feliz con semejante carga a cuestas…  ¿Duras palabras?  Espero que sí. Sólo un severo llamado de atención puede replantearnos lo que somos y lo que esperamos que sean los demás. Toda mujer es perfectamente capaz de ser feliz por sí sola, esa es una decisión propia, una actitud ante la vida, yo deseo que lo logre. Cuando esté desbordante de alegría, cualquier compañero es bienvenido, ella le contagiará su sonrisa y él le ampliará aún más la suya. No debemos poner la felicidad en las manos de alguien más, sino tomarla en las nuestras.  Ese sería el tercer gran objetivo. Lograr la felicidad femenina, no gracias al estudio y colaboración del hombre, sino a través del empoderamiento de la Mujer. ¡Aquí vamos!



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