La importancia de los juegos tradicionales

Parece ser que los juegos tradicionales están en peligro de extinción. Las cosas ya no son como antes eso está claro, los tiempos cambian y es raro ver a los niños jugando en la calle al escondite, qué lástima, ¿no? A cambio de eso tenemos a niños sedentarios jugando con cualquier tipo de dispositivo electrónico y hoy en día parece de lo más normal pero… ¿Qué fue de los recursos que tenían nuestros padres? ¿Cómo nos entreteníamos si antes no había casi ninguno de los aparatos electrónicos que tenemos hoy? Hemos crecido jugando en la calle, jugando con otros niños, juagando con nuestros padres, pero ahora parece que los niños juegan solos y enjaulados.

Vivimos en una época donde un niño de 6 años puede sacarle más provecho a un Smartphone que una persona de 50 años. Todo esto que mencionamos lo sabemos por experiencia propia pero ¿quién tiene la culpa, el padre o el niño? Un gran dilema que no vamos a resolver en este artículo. Lo que sí vamos a resolver o más bien a recordar, son las ventajas de esos juegos que tanta diversión nos brindaron  en nuestra infancia, para que la próxima vez que nos encontremos en la tesitura de si darle la tablet al niño o no, por lo menos tengamos un as bajo la manga que no tenga una pantalla.

La Maestra de Educación infantil Ruth Suarez nos aclara tres puntos claves de los juegos tradicionales.

  • Los juegos tradicionales se caracterizan por haber sido transmitidos de forma oral de generación en generación. Son anónimos y universales, encontrándose huellas del mismo juego en varias partes del mundo, con surgimientos paralelos en lugares totalmente diferentes. Poseen un espléndido valor como modelo de estudio antropológico y cultural, transmitiendo creencias y leyendas. Los niños los juegan por el mismo placer de jugar, respondiendo a sus necesidades básicas y con reglas negociables de fácil comprensión. Además, nos sirven como un recurso de fácil acceso debido a que no requieren ni mucho ni costoso material, son sencillos de compartir y practicables en cualquier lugar y momento.
  • Dentro de la dimensión cognitiva destacamos el desarrollo del lenguaje oral en el niño, adquiriendo un vocabulario básico y específico del juego a través de cánticos, rimas u otras expresiones verbales. Asimismo, se da dentro de esta dimensión el aprendizaje del patrimonio cultural propio de nuestro entorno como de otros lugares, adquiriendo respeto hacia la diferencia entre culturas. A través de personajes y situaciones diferentes de la vida cotidiana el niño desarrolla la fantasía, así como la creatividad a la hora de inventar o modificar el material con el que jugar o el juego en sí mismo. Además, el niño adquiere la noción numérica y de secuencia a través de situaciones de sorteo, reconociendo en los juegos situaciones de suma, resta, multiplicación y división.
  • Con respecto a la dimensión afectiva y social observamos un aprendizaje paulatino ya que al principio el niño no se encuentra capacitado para jugar en grupo, algo que se va asentando poco a poco. También se produce un importante aprendizaje social al aceptar una serie de reglas preestablecidas desde el principio del juego y consensuadas. Asimismo, el aprendizaje del respeto a los adultos se consigue a través de la comunicación generacional, en la que los niños sienten curiosidad y a los abuelos les encanta contar sus vivencias y recuerdos a los nietos.

Sin duda los juegos tradicionales tienen un gran valor que difícilmente pueda ser reemplazado por juegos multimedia. No cortes las alas de la imaginación a tus hijos, integra como parte de las costumbres familiares los juegos tradicionales. Solamente tienes que hacer un viaje en el tiempo y recordar cuales eran esos juegos que tan buenos ratos te hicieron pasar en tu infancia.



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