La inteligencia emocional y la felicidad

La inteligencia emocional y la felicidad

Somos esencialmente emociones, y constantemente estamos sometidos a estímulos por el entorno. No hay situación que no afecte de algún modo nuestro humor, estado de ánimo y actitudes. Es difícil ser consciente de cuánto nos afecta, porque vivimos sucesos encadenados, las experiencias que vamos teniendo pasan rápido.

Actualmente, también tenemos la influencia de la tecnología. Recibir tanta información en segundos y enterarnos de los cambios y acontecimientos del mundo a cada instante influyen, hoy más que antes, en nuestros estados emocionales. Nuestra atención cambia drásticamente de un momento a otro; esto nos consume mucha energía, al punto de llevarnos a un cansancio inexplicable y hasta llegar, incluso, a sentirnos aturdidos.

La vida en sí misma está llena de momentos emocionales causados por los retos a los que nos sometemos y los desafíos que nos imponemos. Cuando algo que está sucediendo es buscado y esperado, nos llena de emociones positivas, pero cuando se trata de noticias negativas o experiencias que nos impactan y no estamos preparados mentalmente para afrontarlos, ahí puede haber problemas, estancamiento y caos.

Desde hace relativamente poco tiempo se comenzó a hablar de la importancia de desarrollar la inteligencia emocional. Y sí, es que no solamente es importante desarrollarla, sino imprescindible para tener una vida saludable, equilibrada y digna; pero para ejercitarla hay que entenderla. La gente habla de ella, como suele hacer sobre tantos otros temas repetir lo que escuchan de otros y decir “la inteligencia emocional, claro es muy importante”, “hay que tener inteligencia emocional”, pero ¿realmente se profundiza en el tema? No, no se hace; se usan las palabras adornadas para referirse a lo que hay que hacer en situaciones problemáticas, y de algún modo demostrar que quien las dice sabe manejar el concepto, pero la mayoría de las veces son solo palabras: la persona está muy lejos realmente de practicarla.

Otro tema interesante de escuchar hablar, hasta el cansancio, es sobre la felicidad. Misma situación: palabra de moda usada indiscriminadamente en publicidad, por los gobiernos, en reuniones, pero realmente ¿la gente se propone ser feliz? Hay quienes confunden la felicidad con poseer, felicidad con hacer, felicidad con tener, pero cuántos realmente relacionan la felicidad con SER. Sí, ¡ser! Cuando he preguntado en mis seminarios y sesiones de coaching acerca de la felicidad, escucho respuestas como: “felicidad para mí es que mi familia esté bien”, “hacer lo que me gusta”, “estar tranquilo”, “tener dinero”, “no preocuparme por nada”… Muy bien, estamos claros en que la felicidad es subjetiva. Yo soy una que lo dice constantemente. Entonces, subjetiva significa que la creas tú, la generas tú, la manifiestas tú. La pregunta siguiente sería: si te hace feliz que tu familia esté bien, ¿qué tienes que ser tú para que eso suceda? Y así con cada una de las expresiones que usamos. Estamos muy acostumbrados a poner todo ahí fuera, lo veo, luego, lo siento, entonces, me hace feliz.

Sin duda alguna me atrevo a decir que la felicidad depende de la capacidad que tengas tú de gestionar tus emociones. Si no sabes qué hacer con lo que te sucede, si sientes que todo lo que aparece afuera te controla al punto de causarte ansiedad, de no dejarte dormir, que te cambia el humor o te crea conflicto, sentirás que la felicidad es inalcanzable. Si no sabes manejar cualquier dificultad que aparezca, pues no serás feliz, aunque tu familia esté bien, aunque tengas dinero y aunque lo que hagas te guste.

Es fundamental tener la capacidad de atención, comprensión, y aceptación de absolutamente todo lo que te suceda. No significa que no llores o que impidas que algo te duela. Significa que desarrolles de tal manera tus habilidades que te ayuden a resistir en momentos críticos; que puedas sentirte que sostienes muy bien el volante de tu vida; que confíes en tus destrezas para conducirte por el camino que andas y tener los reflejos suficientes, y mantenerte alerta para no permitir que ocurra un accidente o se te rompa el vehículo, y que recuerdes que eres tú quien está al mando continuamente. Sería una forma de describir cómo es ser inteligente emocionalmente.

Desarrollar la inteligencia emocional implica principalmente entender y permitirte sentir, asumir que eres un ser emocional, con miedos, tristezas, rabia, celos, dolor, alegría, gozo y placer. Comprender que situaciones externas te están afectando constantemente y que, además, no eres el único al que le sucede esto. Eres inteligente emocionalmente cuando dejas de sentirte el ombligo del mundo y entiendes que a los que te rodean les suceden cosas como a ti. Se necesita tener capacidad real de ver todo desde una perspectiva muy amplia que implique sobre todo un sacudón personal para que puedas soltar todo aquello que te ata: desprogramar tu cabeza del victimismo para llegar a sentirte creador de tu propia vida, desarrollar una actitud de apego al presente, pero de total desapego a las cosas, a la situaciones, al pasado y al futuro para que te sientas libre de crear.

Urge quitarse las máscaras y dejar de ocultarse para reconocerse, entenderse, comprenderse y amarse, para luego permitirse ser vulnerable. Las máscaras no las necesitarás porque estarás en conexión con tu propio poder, y por muy difíciles que sean las situaciones sentirás que tienes el dominio. Esto te dará el sosiego real de vivir cada experiencia agradable que se presente porque estarás en calma confiando en ti mismo.

Se requiere ejercitar la habilidad de confiar en tu propio poder, practicar la atención plena, sentir que tienes la capacidad para transformar tu actitud y saber qué hacer cada vez que aparezca una situación que te genere una emoción desagradable o limitante, y asumir que esos sentimientos traen un mensaje que te indican que está ocurriendo algo y que tienes que afrontarlo para convertirlo en algo positivo. Cuando comienzas a actuar de esta manera te otorgas el permiso de transformar lo desagradable en algo que te hace trascender, comienzas a crear tu propia paz, y al estar en paz, entonces, serás felicidad, para tu familia, para disfrutar haciendo lo que te gusta, para ganar dinero y para crear una vida que puedas aprovechar y celebrar.



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