La libertad interior

Un libro, una película, un cuadro o una pieza musical tienen un mensaje particular para cada persona que accede a ellos. La película Birdman of Alcatraz o La celda olvidada, de 1962, es una muestra de esta afirmación. Basada en la vida en la prisión de Alcatraz de Robert Stroud, condenado a perpetuidad, quien cambia su vida a partir del momento en que un pequeño pájaro entra a su celda. La película y su actor Burt Lancaster ganaron varios premios.

El sitio donde se desarrolla la historia (algo diferente de la vida real de Stroud) es una prisión en una isla en el centro de la bahía de San Francisco. Nada más lejano de la libertad, ¿no? Pues no. La trama va desarrollando dos historias paralelas: la vida de un prisionero y la de su carcelero (el director). El primero, al encontrar un sentido a su vida atendiendo seres desvalidos, va logrando su libertad interior. No necesita nada más. El segundo, con la posibilidad de moverse según su voluntad sin aparentes restricciones, termina presentándose como un hombre prisionero de sus conflictos. En uno se percibe seguridad, paz y entereza. En el otro, angustia, tensión e incertidumbre.

Esta obra en blanco y negro (aún más triste) tuvo un mensaje clarificador, de paz y esperanza para mí. Nuestro mayor enemigo y carcelero está en nuestro interior. Nuestras creencias nos dominan, nuestras emociones nos desbordan, nuestra imaginación nos invade. Podemos vivir anclados en un pasado debilitante, o proyectados con miedo inmersos en un futuro incierto y desconocido. Podemos estar viviendo sin vivir, dormidos, moviéndonos en medio de nuestras actividades sin estar conscientes de nuestro cuerpo, de nuestro aquí y ahora. Es tiempo de detenernos y revisarnos: ¿dónde estoy yo?, ¿siento mi cuerpo?, ¿qué hay a mi alrededor? Y puedes seguir haciéndote preguntas para hacerte cargo de ti mismo. Puedes recurrir a Gregg Braden y La curación espontánea de las creencias, a Eckhart Tolle y El poder del ahora, o a Robert Earl Burton y El recuerdo de sí, por sugerirte algunas opciones. Lo importante es tomar responsabilidad de nuestra vida ya, a partir de ahora. Nosotros somos los actores principales de nuestra obra. Nosotros somos los únicos dueños de nuestra mente.

Como ves, existen derivaciones insospechadas según los ojos y circunstancias de cada quien frente a una manifestación artística. O tal vez, se te presenta en el instante preciso para ayudarte en tu evolución. Para mí, fue un momento luz que abrió puertas hacia senderos de inagotable sabiduría. Por último, te recuerdo que no debemos perder de vista que somos eternos seres espirituales desarrollando una experiencia física.

 



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