La lonchera, un nuevo hábito que recomiendo incorporar

Cada año que comienza nos permite renovarNOS y la incorporación de nuevos hábitos generalmente cobra mayor impacto por estos días, especialmente cuando se trata de alimentación. La lonchera puede ser uno de esos propósitos para este año, no sólo si mantenerte saludable, sino también para optimizar mejor los recursos del presupuesto familiar.

Sé que para muchos hablar de “Lonchera” le evoca a su etapa escolar, sin embargo, el acto de preparar tus alimentos, incluyendo la elaboración de la lista de compras, la selección de los productos, la elaboración del menú semanal, estimar la ración apropiada a tus requerimientos y optimizar los recursos del presupuesto no parecen asuntos escolares, sino de un adulto bien organizado y plenamente consciente de su alimentación.

Al practicar la alimentación consciente he descubierto que no sólo mi salud puede mejorar, sino también he podido experimenta cambios positivos en mi presupuesto. Al principio puede parecer un trabajo enorme, pues implica “nadar contra la corriente” de hábitos arraigados y heredados por años, sin embargo luego de 4 años de práctica doy Fe que es posible y muy enriquecedor desde todo punto de vista.

Para comenzar, es preciso recibir un estímulo adecuado que nos impulse a dar el paso… En Venezuela por ejemplo, estamos atravesando un contracción en la economía que está obligando a gran parte de la población a ser más preciso en el gasto, e incluso a redimensionar las inversiones en servicios cotidianos. En otros países donde la economía muestra ciertos destellos de prosperidad, la escala de necesidades primarias está cubierta por lo que sus ciudadanos se muestran más abiertos a ajustar sus estilos de vida para hacerlos más amigables con el medioambiente.

Sea cual sea su situación y con la mirada positiva del “vaso medio lleno” lo invito a realizar un ejercicio de realidad reflexiva respondiendo a una o varias de las siguientes preguntas:

¿Cuánto estoy invirtiendo actualmente en el rubro alimentación? Muchos tiemblan ante la respuesta y hasta la evaden, no obstante cuando la realidad toca a tu puerta, es imprescindible que revises cómo lo estás haciendo ahora y cómo puedes ajustarte para rendir el presupuesto. En este sentido, le invito a realizar el siguiente ejercicio: Coloque una cajita en un sitio visible y cada día deposite allí las facturas de todos los “gastos” de alimentación. Incluya aquí facturas de supermercado, comidas fuera de casa incluso el cafecito o el postre ocasional que le provocó estando en la calle. Si no tiene factura, coloque un papelito con el monto que gastó. Le recomiendo hacer el ejercicio a lo largo de un mes y al terminar el período, siéntese con calma a revisar y a sumar… Los resultados pueden ser abrumadores, pero será la mejor manera de “darse cuenta” de cuánto dinero se nos va en cosas que posiblemente no eran necesarias.

¿Planifico mis comidas regularmente? Este paso es sumamente importante, especialmente si tiene un trabajo de jornada completa y una familia con niños que debe atender. Muchas veces el cansancio nos vence y terminamos comprando algo para comer en el primer sitio de comida rápida que encontramos de camino a casa. Eso no sólo desequilibra el presupuesto, sino que también impacta negativamente su salud. Puede ser que no lo vea de inmediato, pero estas comidas hipercalóricas pronto le pasarán factura… Y créame, el costo es elevado. El éxito de una plan de alimentación que le permita mantenerse en su peso saludable y alejado del médico es la planificación. Si usted prepara con tiempo todas sus comidas, cuando esté de camino a casa tendrá una preocupación menos, pues sabrá que hay comida en el refrigerador esperando por usted y los suyos.

¿De qué tamaño es mi huella alimentaria? Cada año millones de toneladas de comida apta para el consumo son tiradas a la basura en todo el mundo. En algunos caso por no cumplir con los estándares de calidad impuestos por el mercado y en otros por la falta de planificación en el hogar, restaurantes y supermercados. En contraste, hay regiones de nuestro planeta que aún con toda la tecnología desarrollada para aumentar la producción de alimentos, no tienen acceso a los alimentos mínimos para mantener un estado general de salud adecuado. Vale la pena revisar cómo lo estamos haciendo en este momento y evaluar si hay alguna manera de reparar el daño, por supuesto desde tu metro cuadrado de acción pues toda acción cuenta cuando se trata de hacer más amigable el lugar donde vivimos.

¿Qué tan amable soy con el medioambiente? ¿Reciclo? ¿Reuso? ¿Estoy Reduciendo mi consumo? Todos somos parte del ecosistema y mis acciones aquí y ahora pueden estar impactando el otro lado del planeta. Lo invito a revisar un trabajo colaborativo titulado «El imperdonable desperdicio» preparado por Juan Pablo Crespo del Diario Panorama.

Incorporar prácticas ecológicas puede contribuir a hacer de mi paso más amable y dejar una huella positiva. Puedo comenzar ajustando mis porciones de comida a lo que realmente necesito y no a lo que otros quieran que coma. Cuando como fuera de casa, es otra persona la que decide cuánta comida se sirve en mi plato. Si, en contraste, preparo mi comida en casa y busco la orientación adecuada (con un nutricionista, por ejemplo) puedo ajustar el consumo a mi necesidad y mantenerme saludable. Si como fuera de casa, puedo compartir una entrada con mi acompañante o incluso el postre, así no sólo reduzco el consumo y por ende el gasto. Si la porción servida es mayor a la que necesito comer, pido para llevar y garantizo que esas “sobras” se consuman antes que se descompongan. Ten en cuenta que esa comida pudo alimentar a alguna persona menos afortunada.

Si cada uno de los que lee este post hace el movimiento y ajusta para mejor sus hábitos actuales, en muy poco tiempo podremos ver cambios trascendentales en nuestro entorno. Las buenas acciones son contagiosas, así que si usted hace su parte, los que están a su alrededor se contagiaran con esa energía y se pondrán en movimiento también. Si este efecto se mantiene sin prisa pero sin pausa, grandes serán los cambios que veremos en poco tiempo. Me despido, no sin antes desearle buen viaje en esta aventura que llamamos vida. ¡Hasta la próxima!



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