La meditación compasiva, una vía para desarrollar la autenticidad

La meditación compasiva, una vía para desarrollar la autenticidad

Una de las sensaciones más hermosas que he experimentado es la de sentirme auténtico. Sentir que por un momento estoy plenamente conectado con mis necesidades espirituales más profundas y que las honro a través de una acción. Un acto de autenticidad como abrirte y contar qué te pasa, qué sentís, es un acto de valentía. ¿Por qué? Porque evidenciamos que somos vulnerables, que podemos equivocarnos, que no somos perfectos, que somos seres en continua construcción y que el verdadero valor del aprendizaje es aprender de nuestro dolor. Por ello en esos momentos la autenticidad es tan valiosa.

Escuchar a un paciente cuando accede a un espacio de autenticidad, saliendo de estereotipos o versiones muy armadas sobre sí mismo y pudiendo revelar lo que verdaderamente siente, también es maravilloso. Es refrescante para la terapia sentir la presencia de un ser humano que se abre, que se decide a transitar sus miedos, aunque chapotee en su profunda inseguridad o dolor. Pronto seguramente ese chapoteo se transformará en un ritmo de nado más saludable y compasivo para sí mismo. Porque siempre, siempre que miramos de frente y con amorosidad nuestro dolor, empezamos a hacer algo con él.

“La cura para el dolor es en el dolor”, dice el poeta Rumi.

La práctica compasiva nos ayuda a desarrollar esta cualidad tan genuina de la autenticidad, como lo relata en este ejemplo mi colega Natali Gumiy, del equipo de Motivación compasiva:

Hace exactamente un mes, hacia el final de nuestra exposición en el Congreso Argentino de Psiquiatría, en Mar del Plata, en el que participamos junto con mi amiga y colega Lorena Llobenes recibimos esta pregunta: “Muy lindo todo esto que presentan, parece muy útil para trabajar con las personas, ¿pero qué tiene que ver esto con ustedes?”.

En ese momento se hizo un silencio de radio en la sala, ¡la pregunta del participante sonó tan genuina que me dio miedo! Inmediatamente comencé a sentir tensión en mi cuello y una efervescencia en el pecho y adentro de mi cabeza no podía dejar de oír una voz fuerte que decía: “Natali ¿y ahora que vas a decir? ¿cómo no vas a saber qué tiene que ver esto con vos? Tenés que decir algo coherente, importante, suficientemente creíble; sentía que me estaba juzgando, criticando.

El efecto sorpresivo de la pregunta me había hecho olvidar lo que ya había explorado personalmente. Afortunadamente, la práctica de mindfulness me ha enseñado a registrar la experiencia corporal y pude darme cuenta de las sensaciones presentes en mi cuerpo y la práctica de la compasión me dejó oír el tono en que me hice la pregunta. Esta conciencia de milisegundos fue lo que me dio la fuerza necesaria para recordar mi intención, y respondí: “Enseñamos lo que necesitamos aprender. En este momento te comparto que todo mi cuerpo está totalmente tensionado por tu pregunta y en sintonía con esto no sabés el dialogo que estoy teniendo en mi cabeza pero quiero contarte que no soy una experta en compasión, probablemente toda mi vida voy a tener que recordar que puedo entrenar esta cualidad innata que poseemos todos los seres humanos, y en momentos desafiantes y difíciles como estos recordar que puedo, desde un lugar más amable, más humilde y con coraje relacionarme conmigo misma para que pueda vivir una vida valiosa. Y este mismo coraje y vulnerabilidad es la que intento cultivar con las personas que vienen al consultorio y las personas que me rodean. Muchas gracias por tu pregunta”.

El Yang de la compasión: utilizar nuestra fuerza para ser auténticos

Pero muchas veces ser auténtico no es necesariamente abrirnos amorosamente a nuestras necesidades, a nuestra vulnerabilidad. También puede serlo el tomar una decisión o actuar con cierta fuerza para romper las ataduras de la presión, la manipulación o el sometimiento.

Como nos dice el Dr. Jorge Rodríguez Yañez, médico de Cuidados Críticos y terapia intensiva del hospital Cosme Argerich, entrenado en Mindfulness y profesor de Autocompasión en el modelo MSC (mindful self compassion): “Una de las más novedosas formas de entender la compasión es percibir que la misma puede tener aspectos Yin y Yang, como el símbolo oriental de los dos opuestos complementarios. En su aspecto Yin presenta la condición de “estar con” nosotros mismos o los otros, de una forma completamente receptiva y amable, confortando, calmando y validando lo que sentimos o lo que sienten los demás. Nos nutre, nos acuna, nos ayuda a transitar el sufrimiento cuando existe, de una manera transformadora. La compasión conceptualizada como Yang presenta atributos de proteger, proveer y motivar. La protección tiene que ver con sentirnos y hacer sentir a los demás seguros, libres de daño, de malestar. Protegernos engloba el decidir decir No a otros cuando corresponde, para evitar que nos dañen. A la vez también conlleva a detenernos si tomamos conciencia de que estamos dañando a alguien o a nosotros mismos. El proveer significa el poder brindarnos lo que realmente necesitamos ahora. Primero debemos tomar conciencia de que es lo que necesitamos, sentir el impulso de cubrir nuestras necesidades y tratar de proveernos el cuidado para satisfacerlas”.

Esa compasión Yang nos conduciría a una actitud de mayor autenticidad con nosotros mismos. Liberándonos de aquello que nos hace daño, que nos impide acceder a la esencia de lo que nos provee libertad y bienestar, podremos seguramente encontrar estados más altuistas y felices. Siendo quienes realmente somos, sin ataduras ni disfraces, podremos expresar de manera más auténtica nuestra humanidad.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay



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