La Mentira

La mentira es aprendida, a todos nos sucede, ocurre cuando en nuestro núcleo familiar y en la sociedad, decir la verdad tiene el precio del rechazo, del regaño, del castigo y del juicio. Así es que aprendemos a escogerla, a confiar en ella como solución, y hasta justificado está, porque podemos confesar que nadie desea el rechazo, regaño, castigo, ni juicio, no obstante, desaprender y aprender no es algo a lo que la sociedad le guste invertir tiempo, menos dinero. Lo aprendido así se queda y muchos dichos y refranes confirman una supuesta imposibilidad de cambio:

“Loro viejo no aprende hablar”

“árbol que nace torcido, nadie lo endereza”, entre otros.

Cuando aprendemos esto inocentemente, casi que por instinto de conservación, se hace desde la mente consciente, en desconocimiento de que hay otras partes nuestras conocidas como el subconsciente y el supraconsciente que van perdiendo su equilibrio natural, justamente con nuestras mentiras.

Cuando mentimos, aunque fantaseemos que es para otros, tiene repercusiones en nosotros mismos, podemos mentir de la boca para afuera, pero interiormente se sostiene la verdad, convirtiéndose dicha verdad, en cargas muy pesadas de llevar, en un cuarto muy oscuro para pasearse y entrar.

La verdad querrá finalmente salir y expresarse, pues no puede ser contenida en absoluto silencio, ahora bien, por no pagar el precio de la verdad, terminamos pagando el precio de la “culpa”, pues nos alcanza a todos tarde o temprano, siendo este sentimiento de culpa el principal “nicho” de cuantiosas apariencias de enfermedad que experimentan los cuerpos físicos que ocupamos, y que tarde o temprano pasa la factura de todos nuestros actos. El que esté libre de culpas que lance la primera piedra, tal vez nadie podría lanzar piedra alguna.

Estamos tan acostumbrados a las mentiras, al conflicto, que cuando conseguimos lo contrario, nos valemos de ello, con la falsa percepción de que hay un responsable asumiendo la verdad, “aprovechemos”. Un mundo material que arregla todo con dinero, sin tomarnos la molestia de mirar el horizonte, donde mi verdad es hacerme responsable de la verdad y no necesariamente del coste, porque la evasión del coste es justamente la escuela de la mentira.

Nos gusta la verdad pero practicamos la mentira, nos gusta la paz, pero practicamos el conflicto y la violencia, nos gusta el amor, pero no nos limpiamos los resentimientos, nos gusta vivir, pero estamos muertos en vida, nos gusta la libertad pero nos reprimimos día a día, nos gustan los milagros, pero que los haga otro, soñamos la unidad y un mundo mejor, pero no empezamos por nosotros mismos y nuestro entorno, nos gusta ser aceptados pero vamos de juicio en juicio. Tu y yo somos lo mismo, practiquemos el perdón y volvamos a empezar, pues de seguro, aquí y ahora, es nuestra oportunidad!

Si la verdad implica todo el juicio de lo negativo, nadie la practicará. Si la verdad se premiase, tal vez fuera más atractiva para todos. Y esos cambios dependen estrictamente de nosotros.

Namaste!

 



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