La meta es el camino

Hace algunos años realicé el Camino de Santiago. Una ruta muy concurrida por caminantes y ciclistas de Europa y el mundo. La idea surgió de mi hermana (Cristina) quien ya estaba viviendo en Salamanca, España, y escuchaba a diario que peregrinos (personas que recorren la ruta) pasaban por el pueblo donde ella vivía. Ambas comenzamos a investigar sin aún comprender que ya habíamos arrancado esta aventura.

Las principales reglas estaban claras:

  1. Para conseguir el título de peregrino certificado debías andar netamente a pie (sin taxi o autobús) por más de cien kilómetros.
  2. Podíamos dormir todos los días en albergues (hoteles más rurales) a un precio muy económico.
  3. La vía estaba señalizada por flechas amarillas que te indicarían la ruta, de pueblo en pueblo, hasta llegar a la ciudad: Santiago de Compostela. Allí obtendríamos la peregrinación.

Con estos tres datos Cristina y yo nos fuimos rumbo a nuestra primera parada: Villafranca del Bierzo. Nos fuimos en autobús, con nuestra mochila a cuestas y nuestro corazón lleno de ilusión.camino de santiago 2

En este hermoso pueblo de película comenzamos a caminar. Cada día recorríamos entre veinte y treinta kilómetros diarios, viendo los más deslumbrantes paisajes.

Caminando comprendí que todo pasa y nada es igual al pasado. Acepté que la vida te muestra diferentes escenarios, pero depende siempre de nuestra actitud sobre cómo mirarlos y asumirlos.

Cada etapa era diferente, llena de momentos mágicos y senderos llenos de luz. Los días no eran iguales. Aquí no importaba la fecha ni la hora, sino el presente. Si algo recuerdo muchísimo son los riachuelos, el olor a bosque, la naturaleza, los rayos de sol en la mañana al salir del albergue atravesando los árboles, la gente saludando y diciendo: «Buen camino».

Aunque muchas veces sentí que no podía avanzar más… mi hermana y mis “amigos del camino” me alentaban a seguir. Me motivaban con su simple presencia. Me hacían olvidar mi dolor, entre buen humor y risas. Así seguía adelante.

camino de santiagoAprendí que llevar mucho peso en la espalda (en este caso, en la mochila) no es necesario. En la simplicidad están los detalles más hermosos de la vida.

Tras caminar más de doscientos kilómetros llegamos a la hermosa ciudad de Compostela donde orgullosamente retiramos nuestro Certificado de Peregrinación. Y fue justamente allí que comprendí que «La meta no es la meta. La meta es el camino». Aprendimos en el recorrido.

Así veo mi vida, cuando quiero ir por una meta deportiva o personal, recuerdo desde el primer instante que la verdadera meta ya comenzó.



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