La motivación en tiempos de crisis

En un mundo en constante evolución, cambio, desarrollo, movimiento, podemos darnos cuenta de que cuando tratamos de comenzar una actividad nueva o retomar alguna que habíamos dejado olvidada, por ejemplo, comenzar el gimnasio, al poco tiempo terminamos dejándola nuevamente. Me pregunto: ¿Qué me motivó en primer lugar a iniciar esta actividad?

Gran parte de los objetivos olvidados se debe a que la motivación estaba apuntando al lugar equivocado, es decir, no provenía del ser, de mí mismo. Al dar inicio a una meta, una nueva actividad, cualquiera que sea el caso, es prudente preguntarse cosas como ¿para qué  quiero hacer esto? ¿Es realmente un deseo propio o alguna proyección de mi entorno? ¿Cómo me voy a sentir al cabo de un tiempo haciendo esto?

Estas preguntas no solo invitan a escudriñar en el motivo inicial por el cual estoy tomándome la molestia de hacer dicha actividad, sino también a ir más adelante y tratar de experimentar la sensación que se obtendrá una vez iniciado este nuevo reto. Retomemos el ejemplo de “comenzar el gimnasio”. Lo primero que me digo es: “¡Claro que sí! Siempre he querido estar saludable y verme bien”. En algunos casos, es que “quiero sentirme bien conmigo mismo/a”.

Si se hace un trabajo de introspección, se puede evitar tomar decisiones impulsivas como inscribirse por un año en el gimnasio ya que esa será la motivación: “ya lo pagué, así me obligo a ir”. En primer lugar, si se ve como una obligación o algo que hay que hacer, ese objetivo está destinado al fracaso desde el comienzo. Allí está la verdadera motivación, comenzar haciendo las cosas que realmente quiero, que realmente deseo y que realmente me motivan porque las obligaciones llevan a las decepciones, en cambio, la motivación lleva a querer más y buscar cada vez más formas de continuar y evolucionar en aquello que me propuse.

Si encuentro la motivación en ir al gimnasio porque sé que me ayudará a mantenerme saludable, a mejorar mi estado físico, a desestresarme por la jornada del día, en vez de pensar que debo complacer a alguien, que debo verme cierta forma y modificar mi cuerpo, estaré mas tranquilo/tranquila conmigo. Si en cambio, no funciona y me doy cuenta de que el gimnasio no es lo mío, tomarlo como experiencia para poder recordar más adelante la razón por la cual no continué y evitar inscribirme nuevamente.

Buscar alternativas siempre es una opción, si voy al gimnasio solamente por las clases de spinning, yoga, TRX o cualquier actividad que no tenga que ver con las máquinas, observar que puedo enfocarme solamente en aquellas actividades e ir a un lugar que se adapte mejor a mis necesidades.

La crisis no está afuera, no es la situación económica ni mi trabajo, no es que no me comprenden o me juzgan. Cada vez que se busca una respuesta en lo externo, se descuida aquello a lo que siempre hay que escuchar primero que nada, la intuición. La crisis comienza cuando me dejo de escuchar para hacer caso a lo externo y querer cumplir con algo o a alguien más.

Te invito a tomarte un tiempo antes de tomar una decisión, respirar y meditarlo un poco antes de actuar, escuchar tu intuición y decidir aquello que realmente te impulse. De esa manera, el 50 % del trabajo ya estará hecho, el resto es cuestión de motivación.



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