La mutiladora trampa del “yo soy”

La mutiladora trampa del “yo soy”

Todos sentimos reconocer características de nuestra personalidad y las asumimos como ese traje que ponemos sobre nosotros para desde allí calificarnos y decir – es que yo soy así- lo que a su vez se transforma en una suerte de justificativo de nuestro comportamiento porque pareciera algo que forma parte de nuestra esencia de manera tan arraigada que no hay nada que hacer.

El yo soy te lleva a una posición estática de tu proceder, por ejemplo si te calificas como una persona impulsiva ¿Qué chance puedes tener de reflexionar o sopesar las cosas antes de reaccionar?, supongo que pocas porque ¡total! la impulsividad que forma parte de ti difícilmente te lo permitirá.

Yo misma caí en esta trampa durante muchos años de mi vida hasta que entendí como mutilaba mi capacidad de cambiar y de ajustar mis conductas de modo que me permitieran tener mejores resultados y de esa forma poderme sentir en mayor bienestar.

Lo que sucede es que las experiencias de vida pueden marcarnos de tal manera (si lo permitimos) que creemos que una forma de reaccionar puede ser la mejor, quizás porque nos funcionó en un momento determinado, nos ayudó a resolver, a defendernos o a escapar, de modo que tal si fuera una cinta de video la replicamos una y otra vez de tal manera que se transforma en una armadura tan usada que la consideramos parte de nosotros.

El yo soy pasa a ser una construcción del ego más que de la autoestima, el amor personal nos hace fuertes a la par que humildes, es lo que nos permite entender que los patrones no forman parte de nuestra esencia porque somos seres en evolución y cambio ¿de eso se trata la vida no?.

Las personas suelen aferrarse tanto a ello que en terapia psicológica buscan esa definición de lo que les sucede para incorporarla al “Yo soy” esa etiqueta que les permita comprender el porqué de su comportamiento en lugar de enfocarse en la posibilidad de cambio para desarrollar nuevos patrones que les permita estar en bienestar, y es justamente por ello porque no suelo comulgar con los diagnósticos.

Aprendemos a reaccionar de ciertas formas pero esas formas no son las únicas alternativas, siempre tendremos ante nosotros un mundo de posibilidades lo que requiere apertura mental, seguridad para desde allí desarrollar emociones positivas y conductas más exitosas. Una adecuada salud mental nos lleva a desarrollar flexibilidad e inteligencia emocional como proceso de crecimiento más que un proceso meramente adaptativo.

Hoy te invito a reflexionar sobre estas líneas y enfocarte en lo que estás siendo, en lo que te estás convirtiendo en lugar de la etiqueta del yo soy que lo que hace es anclarte. Revisa tus pensamientos, observa cuales te traen mayor paz, y es justamente este el mejor criterio de análisis ante las diversas situaciones que nos toca manejar en la vida, el cómo desde mi infinita capacidad puedo moldear nuevos patrones que me permitan vivir en bienestar.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay



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