Paciencia y valentía

Querer es poder. Esta frase ha retumbado en mi mente desde que era niña, convirtiéndose en una máxima inconsciente de  todos los actos de mi vida. Por alguna razón desconocida o por simple evasión, no me había dado cuenta con auténtica sinceridad de que la paciencia tiene que ver mucho con el famoso dicho…

La naturaleza está llena de ejemplos de paciencia en todo su esplendor. Basta con observar los gigantes robles que  tardaron 25 años en adquirir esa majestuosidad que asombra, o las maravillosas montanas que nos rodean o simplemente los pequeños nidos que poquito a poquito forman los pájaros para cobijar sus crías.

Debe ser porque comprende que cualquier proceso lleva su tiempo, independientemente de la voluntad de quien lo observa.

Pero, ¿quién dijo que los procesos son rápidos? me comento hace algún tiempo una  amiga con quien conversaba acerca de mi impaciencia eterna. Nada más cierto.

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En estos momentos en que el país que me vio nacer está pasando por uno de los momentos más importantes de su historia, confieso abiertamente mi dificultad para mantener la calma.

Sin embargo, al observar tanta manifestación de esperanza hacia un cambio positivo, he decidido unirme a esa gran energía colectiva y esperar la clausura de un ciclo que se avecina en una nación en la cual la paciencia ha sido la mejor aliada.

Así pues, en este  momento en el que la calma se para frente a mi altiva y orgullosa, he decidido doblegarme ante ella y ponerla en práctica junto a mi país, porque la paciencia no camina sola, sino que va siempre acompañada de amor y de esperanza. Es como todas las virtudes, un arma poderosa para vencer la cobardía y fortalecer nuestra valentía.

Cerraré mis ojos, respiraré profundamente y no reaccionaré. Simplemente esperaré a que la paciencia en un absoluto acto de coraje, venza las adversidades y logre con éxito su objetivo después de tanta lucha.

 



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