La pareja como camino al autoconocimiento

¿Cuántas veces hay amor al comienzo de una relación y luego se desvanece?

Las relaciones comienzan con amor generalmente y luego con el correr del tiempo aparecen los reproches y las heridas que finalmente conllevan a que el amor se transforme.

Cuando dos personas están frente a un altar, podríamos imaginar que dos niños llegan a este gran evento de la vida con la inocencia y la falta de madurez característica de la niñez. Esta reflexión es muy valiosa a la hora de evaluar nuestro papel o personaje dentro de la relación, ya que, en la mayoría de los casos, transferimos ausencias y necesidades de esta etapa en nuestra pareja.

Al intentar poner orden en situaciones importantes, esta intención termina por desatar un caos que pareciera contrario al amor, pero el orden y el amor son dos polos, como inspirar y exhalar, cada uno tiene una función implícita, son independientes pero se complementan. Pensar de esta manera pueda dar origen a un nuevo enfoque de nuestra responsabilidad dentro de esta maravillosa empresa que se llama matrimonio.

Existen muchas aristas para evaluar cuando se está presente en un conflicto de pareja, mas en este breve artículo me referiré a dos de ellas:

Mi pareja mi gran maestro: en cada conflicto o reproche que el otro nos hace debemos escuchar con los oídos y el corazón para lograr entender que me está dando a través de su reclamo una posibilidad de aprendizaje (al señalar a alguien nunca olvidemos que tres dedos me señalan). Si mi compromiso y amor están presentes solo agradezco el reclamo y aprendo, como resultado seguramente habré evolucionado y mi relación estará más ligera, sin que esto admita insultos o mal trato. Solo desde el mutuo respeto podemos evolucionar y cultivar en el tiempo el largo camino de muerte y resurrección que es la pareja.

Dar y recibir: en este acto está implícito el gran propósito de la existencia. Vale la reflexión para preguntarnos honestamente ¿Qué doy? ¿Qué espero? Esta fórmula de auto-conocimiento es muy poco utilizada por la mayoría, de tal manera que nos conducimos a ciegas dando por sentado que el balance existe. Cada ser es único, pero cada pareja también. Profundizar en el balance de lo que doy y lo que quiero recibir podría dejarnos de caras a nuevas posibilidades de acción y como resultado se estarían sembrando nuevas semillas de transformación de mí y de mi nueva forma de mirar a mi pareja.

«La pareja son dos semillas de árbol que son sembradas el mismo día, crecen juntos y no se hacen sombra, mas al final de sus días entrelazan sus ramas». Kalil Gibran



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