La paz también reside en los demás

Hace algún tiempo escribí sobre la paz interior. La tentación de dejarnos impactar por lo externo es una batalla que los humanos tenemos a diario y que nos hace por momentos olvidar que el timón de nuestro barco lo sostenemos nosotros.

La vida sube y baja, mantenernos en nuestro centro puede evitar que nos dispersemos y andemos en la ruleta de las emociones.

En ocasiones nos dejamos arrastrar por movimientos de tristeza y depresión que tienen explicaciones lógicas, Todos Somos Uno expresión que para mí va más allá de los estudios de Carl Jung sobre inconsciente colectivo y esa base común que los humanos compartimos y que nos acerca aunque estemos físicamente distantes.

Cuando decidimos cultivar la paz estamos recordando que Dios mora en nosotros, porque estamos sostenidos por algo más grande. Una vez entendido, comprendido, integrado y asentido esto el segundo paso es comprender que la paz también reside en los demás, porque Dios no es exclusivo nuestro.

He visto personas que procuran una paz interior porque afirman que así reverencian a Dios dentro de sí mismos. Estoy muy de acuerdo con esa forma de ver las cosas. Lo interesante es que esa paz también puede ser alcanzada por los demás, pero cuánto nos cuesta soltar el control para tener la humildad de mirar la grandeza de Dios en quienes nos rodean.

A veces esto puede ser un gran reto sobre todo cuando hay dolor por las heridas que hemos ido acumulando en nuestro contacto con los demás. Hay una diferencia grande entre el ser de una persona y sus conductas. En todo momento hay que saber encontrar la diferencia. El ser de una persona está lleno de potencial divino, pero otra cosa son sus conductas. En conciliación se atacan los problemas y no a las personas, en renacimiento se reverencia al ser divino y se pueden mirar las conductas tóxicas para trabajarlas. Por ello es que es muy interesante ver cómo personas con conductas injustificables pueden tener sus momentos de iluminación, sus transformaciones y cambios en la vida.

El Ser divino está en ellos también, los otros pueden darnos lecciones de Paz. Si estamos listos para mirarlo entonces habremos logrado subir otro gran peldaño en la escalera de la humildad y sabiduría.



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