La prevención comienza en la infancia

Recientemente estuve hojeando un libro del cardiólogo Valentín Fuster titulado “La ciencia de la salud” en el cual dedica un capítulo cuyo nombre es el mismo que he decidido colocarle a este post.

El doctor Valentín afirma que entre los seis y los diez años de edad hay una oportunidad única para educar a los niños sobre hábitos saludables porque ya en este período tienen muy desarrollada su capacidad de razonamiento y son aún muy receptivos a los argumentos que les puedan dar sus padres acerca del tema. Pero, más que razonamientos, lo que funciona en niños pequeños es inculcar costumbres saludables como el consumo de frutas, y esto se predica con el ejemplo: no podemos esperar que los niños acepten comer frutas mientras los padres disfrutamos de un rico pastel o una buena porción de helado.

nino_padre_ensaladaLo paradójico es que la mayoría de los niños no tienen problemas importantes de salud y es por ello que, en esta etapa, tenemos la oportunidad dorada de inculcarle buenos ejemplos para preservar su salud.

Durante la última década es alarmante como ha aumentado la incidencia de obesidad en la infancia, a tal extremo que en muchos países, la mayoría industrializados, ésta se ha convertido en un problema de salud pública. Es por ello que, según numerosos estudios de investigación, un infarto en una persona de 45 años podría estarse gestando desde la infancia. Esta afirmación me remonta a mi pasado como estudiante de medicina cuando un profesor de anatomía patológica nos mostraba una arteria de un niño de ocho años ya con lesiones arterioscleróticas. Por supuesto que esto está asociado a una dieta desequilibrada y a la poca actividad física. Todos los estudios parecen indicar que existe una relación entre la dieta y la actividad que tienen los niños y adolescentes y la salud que tendrán al llegar a adultos. Por supuesto, también es cierto que no todos los niños obesos lo serán de adultos ni que un niño delgado será un adulto delgado. Pero, en general, son pocos los casos en que niños obesos serán adultos con peso normal.

Por tanto, lo más importante que podemos hacer como padres es inculcar a nuestros hijos buenos hábitos desde la infancia tales como seguir una dieta correcta, practicar actividad física o enseñarles a ver televisión o jugar con las videoconsolas de manera que no les perjudique. 

madre_hija_frutaEl principal problema que nos encontramos en las dietas de los niños es, por un lado, su poca variedad, alta carga en azúcares y grasas saturadas y por el otro, las cantidades excesivas. La dieta ideal debe basarse en frutas, hortalizas, carnes y lácteos (descremados o semidescremados), bajos en grasas así como también ácidos grasos insaturados presentes en el aceite de oliva, frutos secos y el pescado. Ciertamente sería absurdo prohibir en la actualidad los alimentos procesados y las chucherías, pero deberíamos dejarlos de ver como alimentos de consumo diario y tratarlos como complementos ocasionales dentro de una dieta equilibrada.

Por otro lado, estimulemos la actividad física en los niños. Esto no necesariamente tiene que ser un deporte competitivo o un ejercicio programado. Puede ser algo tan sencillo como montar bicicleta o jugar a la pelota. El ejercicio ayuda a evitar el sobrepeso, disminuye la tensión arterial, aumenta el colesterol bueno y favorece la confianza y autoestima.

Démosle el ejemplo a nuestros hijos más con la actitud de “haz lo que yo hago” que con la de “haz lo que yo digo” para ayudarles a adquirir hábitos más saludables. ¡Hasta un próximo encuentro!

 



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