La prioridad, lo invisible

El interactuar, las redes sociales, la familia, el trabajo, los amigos, el vecino; todos pasan a ser lo urgente de nuestras vidas y… ¿Lo importante?, deberíamos ser nosotros pero lo dejamos para después.

La vida pasa tan rápidamente que usualmente no da tiempo de detenerse a observar el proceso propio.

La falta de tiempo, es solo una excusa; no hay trabajo más duro que ver lo que está realmente escondido en nuestro proceso, hacer lo invisible, visible. La raíz del problema, por lo general no es ninguno de nuestros principales porqués! Hoy en día existen muchas herramientas para el crecimiento personal, aceptación de procesos; para algunos es más fácil que para otros; para algunos funciona y para otros no. Los coaching coinciden en que ningún proceso está realmente aislado del entorno, es condición sine qua non que al presentarse e identificarlo, inmediatamente el cerebro lo asocia con el entorno y establece el nivel de afectación para sí mismo. Sabido esto, tus procesos y las personas que te rodean, se verán afectadas.

Ahora bien, lo invisible de cada proceso por lo general se revela cuando ya todas las etapas han sido trabajadas. En lo invisible (ese algo interno que nada tiene que ver con otros) está la verdadera sustancia y por lo general contiene la clave para todo cuanto está ocurriendo; ahí está el origen del proceso, al final del mismo. Cuando pasa el tiempo, todo se siente mejor y se tiende a abandonar el trabajo interno porque se encuentra una actividad que da satisfacción inmediata y de no estar conscientes, podemos abandonar el trabajo y quedarnos por un tiempo prolongado en ésa satisfacción inmediata y más pronto que tarde vuelve a repetirse el mismo patrón.

Hallar lo invisible es la tarea más difícil, es reconocerse vulnerable y responsable de la repetición de patrones inconscientes, pero de todo el proceso, es el paso que da las respuestas para crear una nueva realidad.

Trabajar el yo desde lo interno y no desde el ego, es necesario en todo lo largo de nuestra vida, es lo que nos dará las bases necesarias para manifestar los cambios externos, que nada tiene que ver con satisfacer expectativas de terceros, esa será la consecuencia, mas no el objetivo principal.

Aceptar lo invisible es sumamente valioso, es el camino a conocerse a sí mismo, es poder responderse ¿quién soy? y la respuesta no vendrá acompañada de los adjetivos y etiquetas con las que solemos describirnos, sino más bien contiene las palabras con las cuales nos valoramos, determinaran el paso hacia una nueva etapa.

Lo invisible es lo que sabemos pero no aceptamos, es lo incomodo.



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