La queja constante

La queja constante

Una amiga me comentó lo difícil que había sido el paseo con una persona que había protestado todo el camino. Mientras manejaba, había muchos motivos: aquel que no ponía luz de cruce; este que se adelantaba zigzagueando; otro que había botado un papel. Y así, todo el tiempo. Finalmente, ella rompió su silencio y le hizo notar todo lo positivo con lo que se había cruzado, y que desconocía porque se había enfocado en lo negativo. Le habló sobre su discurso recurrente sobre el “deber ser”, y cómo las personas lo incumplían, no lo observaban.

El protestar ante todo se convierte en un hábito pernicioso para uno mismo que se derrama como cascada en nuestro espacio y en los que nos rodean. Se trata de un hábito. La persona no es esencialmente esa protesta. Es algo adquirido. Si se le hace notar, expondrá sus motivos. Tendrá razón: alguien actuó de manera que nos pudo afectar negativamente; alguien se apropió de nuestro tiempo llegando tarde, haciéndonos esperar, no cumpliendo un compromiso; aquella persona solo piensa en ella. Y así, una larga, larga lista de observaciones sobre hechos, situaciones, personas que nos afectan y nos disgustan. Pero eso es solo una parte del todo. Este hábito suele venir acompañado de una advertencia o consejo relacionados con algo que puede implicar un riesgo. Tampoco esto es incierto. Pero, ambos son una parte del todo. Hay más.

Suele ocurrir que esa retahíla de reclamos es una explosión producto de frustraciones. Puede ocurrir que, si se toma en serio, luego la persona se asombra. Incluso, lo niega y desdibuja su importancia. Los allegados terminan aceptando este hábito. Escuchan. Aceptan. Es “natural”.

El mundo y su gente no son perfectos. Lo sabemos. Pero podemos buscar un punto medio donde veamos, conozcamos, aceptemos aquello que “no está bien” y, a la vez, abrazar aquello que es bello, que reconforta, que “está bien hecho”, que nos hace feliz. Si nos enfocamos en lo negativo, sufrimos un drenaje energético importante. Nos cansamos. Nos ponemos de peor humor. Vemos todo más oscuro. Si sabemos que existe todo aquello, pero nuestro enfoque está en lo positivo, recogemos energía. Nos sentimos más fuertes. Tenemos más elementos para superar las dificultades.

Te sugiero lo siguiente:

. Ponte alerta para capturar tu recurrencia en la queja.

. Descúbrete en la queja. Acéptala. Déjala ir.

. Repítelo durante el día. Cada día.

. Trata de cambiar ese hábito por una visión completa.

Te dejo este video de explosión de flores.



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