La Sabiduría de Pith: Entre La Paciencia y El Tiempo

Extraña manera cómo funciona la vida, dejando las respuestas de las razones y el por qué del destino, en los cuidados de la paciencia y el tiempo para comprender nuestra existencia.

El cielo oscurecía bruscamente anunciando un cambio de clima. El fuerte viento aceleraba el corazón de un ave y el estrépitoso trueno la obliga a alzar el vuelo sin advertir llevar consigo una semilla en su viaje.

El destino así lo planificó, la lluvia humedecía la tierra permitiendo su fertilización y con la ayuda del estruendo de un rayo asusta de nuevo al ave para dejar caer la semilla que en su pico trasladó. Lluvia, viento, trueno y tierra se fundieron en ese instante y junto a la naturaleza entera fueron testigos aquella noche del milagro que en el vientre de la montaña ocurrió y donde fueron nombrandos como padres El Tiempo y La Paciencia para aquel pequeño, en germinación.

Temperatura, agua y oxígeno fueron los padrinos fieles que acompañaron a los padres para presenciar el mágico momento en el que brotara de esa semilla, el hijo que con tanto anhelo La Paciencia y El Tiempo esperaron hasta llegado el día que entre las hierbas y hojas secas se asomara el brote con su más hermoso verdor.

La infancia y madurez de Pith, como sus padres le bautizaron, fue de difícil adaptación, pues en un ambiente poco común para su especie creció en el medio de una montaña rodeado de árboles silvestres. Objeto de burlas por su tamaño y diferencias, el pequeño deseaba acelerar su adolescencia, pero sus padres le enseñaron que cada etapa es una experiencia y debe apreciar los instantes de la vida en su tiempo perfecto y con paciencia.

El pequeño Pith comprendió en la quietud a percibir lo que le rodea y a medida que crecía aprendía de las experiencias logrando ver cada día más allá de su propia existencia. Desde las duras sequías del verano, el más largo de los inviernos y hasta los vientos más fuertes de una dura tormenta; soportó toda adversidad aprendiendo y fortaleciéndose con cada una de ellas. Ya no fue más objeto de burlas, sino de admiración por su belleza, convertido en un Gran Samán albergaba vida, refugio e impresionaba con su imponencia.

Su grandeza se dio a conocer por el mundo, aves, herbívoros y carnívoros buscaban cobijo en su sombra y mientras los refugiaba les transmitía su sabiduría sin importar de la naturaleza que fueran, y así fue como en la montaña desde el inusual turista hasta el atrevido explorador con experiencia y científicos del todo el mundo, visitaban al Gran Samán que sobrevivió en un ambiente inusual en el tiempo de Dios perfecto, con tolerancia y paciencia.

Nacemos de la unión de dos seres quienes dentro de su educación y experiencia nos protegen, educan y guían para poder enfrentar lo que en la vida nos espera.

Debemos aprender todas y cada una de las enseñanzas que nos depara el destino. No existe prueba difícil que éste nos coloque y que no seamos capaces de superar. Dependerá de nuestra voluntad superarlas y de la comprensión de sus lecciones, lo que nos concederá la sabiduría para continuar en la vida, guiando sabiamente a otros transmitiendo nuestros conocimientos y experiencias.

Cada día es un nuevo comienzo, una nueva oportunidad, y llegará a tus manos en el momento preciso justo aquello que necesitas para seguir con tu evolución, ni antes ni después, y para ello sólo debes estar atento a tu entorno, sin desearlo tanto para no generar el sufrimiento, y es entonces cuando te darás cuenta la misión de vida que tenía preparado para ti el destino.



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