La sabiduría del fracaso

“El fracaso debe verse como un camino y no como una pared.” 

Scott  Adams

Quiero compartir con ustedes la historia de uno de los jugadores del equipo de beisbol para el cual trabajo y que quizás nos ayude a ver el fracaso desde una perspectiva distinta de la que estamos habituados.

En el mes de septiembre este joven no figuraba en los planes de la dirigencia para ser un jugador regular, sin embargo, por razones de la vida y la dinámica del juego comenzó jugando el torneo en el mes de octubre. Cuando trabajamos en la pretemporada, durante nuestra sesión de trabajo individual, me manifestó que fallar era algo que lo enfadaba sobremanera, que el fallo lo sacaba de concentración al punto de bloquearse en todo el juego. Por ejemplo: si tomaba un turno como bateador y fracasaba, la molestia era tan gigantesca que le afectaba para el resto del partido, principalmente en los próximos turnos e incluso en su defensa; lo que traía como consecuencia que su enfoque y activación emocional se vieran perturbados al punto de entrar en un estado de frustración que para nada ayudaba a su rendimiento.

A pesar de ser un jugador muy joven y que quizás esa actitud pudiera parecer normal, producto de la ansiedad propia de la competencia, percibí que lo que necesitaba ese deportista era darle una interpretación distinta al fracaso.

Para este joven fallar significaba que no era capaz, significaba que no era lo suficientemente bueno en lo que hacía. Interpretaba el fracaso como una desventaja, como algo que no debería representar una opción o como una característica de quienes son débiles y mediocres.

Afortunadamente, nuestra conversación le ayudó a que se diera la oportunidad de interpretar el fracaso y en consecuencia el fallo como un hecho natural, como un suceso propio y característico de quienes intentan algo en la vida. Recuerdo que le dije: “Es un acto irracional que aspires no fallar. Lo que debes aspirar en cada turno es darlo todo y aceptar que una opción tan válida como el tener éxito es fallar”. Recuerdo que cerré la idea que buscaba transmitirle al jugador citando las palabras de Lebron James, la súper estrella de la NBA, quien dijo al final de un juego, luego de no poder alcanzar la victoria: “Puedo vivir con mis errores si sé que lo he dado todo”.

Cuando le pregunté a este pelotero, casi 4 meses después de aquella charla de la pretemporada, cual había sido la clave de su éxito, me dijo: “José Jacinto, me di cuenta que fallar forma parte de la vida, forma parte del béisbol. Eso me trajo una tranquilidad enorme, lo que me permitió tomar cada turno con tranquilidad y paz”.

En la actualidad, ese joven pelotero está teniendo una excelente temporada, incluso ha sido nominado como novato del año.

El hecho de pensar que fallar no es una opción nos roba concentración, y si eso ocurre, perdemos energía como consecuencia de conectarnos a pensamientos y emociones perturbadoras. Celebra el fracaso tanto como el acierto, pero por favor, no dejemos de intentarlo por la idea absurda de que el desacierto es el rasgo de los incapaces. Todo lo contrario; el que acepta el fracaso cada día se acerca más al éxito. 

Independientemente a lo que nos dediquemos en la vida nunca olvidemos que: El único fracaso que existe es darse por vencido, y que debemos golpear hasta volver a ver la luz.



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