La Separación

Retomando un poco nuestra historia: han transcurrido aproximadamente dos años desde el nacimiento de mi hijo Jorge Mario. En esos momentos mi vida cambió de prácticamente ocuparme de mí y de mis cosas a tener la enorme responsabilidad de la vida indefensa de mi hijo.

Defino mi vida por completo como una antes del nacimiento de mi hijo y otra después de eso. Esto luego tomará otro giro.

En mi mundo solo existían dos cosas: mi hijo y yo.

Experimenté algo muy raro: como si mi hijo y yo nos hubiéramos embarcado en un mundo aparte y todo lo que me rodeaba se hubiera borrado. Para mí fue como si hubieran desaparecido del mapa mi esposo, mis padres, mis hermanos, toda la vida que tenía antes; me dejaron de gustar todas las cosas que antes me fascinaban. Entré en un estado de indiferencia con todas las personas que me rodeaban.

Como era de esperarse eso me trajo un problema muy serio. Mi esposo se sintió hecho a un lado y como consecuencia vinieron los problemas con él. Por una extraña pero afortunada razón mi esposo no se hundió en una depresión como la mía, pues él jamás perdió su optimismo y su manera de ver las cosas con un poco más calma que yo, por consiguiente él no comprendía cómo yo me sentía. Comprendí que la depresión solo la entiende quien la padece. Esa diferencia en ambos es, sin lugar a dudas, lo que después nos salvaría.

Aun con eso, nuestro matrimonio terminó en separación. Yo regresé a vivir con mis padres a ciudad Delicias y mi esposo se quedó en la ciudad de Chihuahua. Busqué un lugar donde llevar a mi hijo a sus terapias físicas e incluso le busqué una escuela. Me puse a vender algunas manualidades que yo elaboraba mientras él estaba en la escuela. Creo que el sentirme bajo el cobijo de mis padres de nuevo poco a poco me ayudó a ir sanando mi dolor.

Mi esposo iba a ver a Jorge Mario los fines de semana. En un principio fue muy difícil vernos, pues había mucho dolor y heridas muy abiertas. Luego, conforme fueron pasando los meses, ambos nos fuimos sintiendo con más calma y nos perdonamos nuestros errores y un buen día nos sentamos a dialogar acerca de nuestro futuro.

Recuerdo muy bien una plática que tuve con mi madre que me dijo: “mira, hija, sé que tienes un gran dolor por tu hijo, pero veo cómo ahora tendrás otro dolor más, te vas a venir divorciando de Jorge y tendrás un problema más. Estarás sola con tu hijo sin un esposo que te apoye”.

“Din, don, din, don”, retumbó una campana en mi mente en ese momento. Como por arte de magia pude ver claramente cómo mi mundo y mi panorama se abrió y sentí cómo mi hijo y yo salimos a la luz del mundo en el que nos encontrábamos inmersos. Sin lugar a dudas esa fue mi sanación emocional gritándome: ¡¡¡¡Mayelaaaaaaaa, voltea a tu alrededor y date cuenta de todo lo que te rodea y estás a punto de perder !!!!

Agradezco enormemente a mi esposo por su fortaleza y entereza, pues eso evitó que ambos nos derrumbáramos en una depresión de la que nos hubiera costado mucho más trabajo salir. Él me tendió su mano para salir de mi “pozo emocional”.

Indudablemente, el nacimiento de un hijo con capacidades diferentes trae dos cosas muy fuertes: o une a la pareja o la separa.

Si ahora estás en un estado de depresión profunda, busca ayuda cuanto antes porque mientras más pasa el tiempo más difícil será recuperarte. Que no te dé pena ir con el psiquiatra, deja a un lado los comentarios de la gente. A un psiquiatra acude la persona que desea recuperar su salud emocional y mental.

Hazlo por ti en primer lugar y después por tu familia. Si tú no estás bien en tu interior, tu exterior tampoco irá bien. Los cambios comienzan en tu interior, y tu exterior cambiará por consiguiente.

Si me estás leyendo ahora y estás viviendo esto, créeme que no es casualidad, sino que es tu momento de reaccionar y hacer un cambio. Por experiencia propia te digo que voltees a tu alrededor y aprecies todas las cosas que tienes antes de que las pierdas… ahora no solo tendrás un problema, sino dos.



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