La separación de los padres: ¿bueno o malo para los hijos?

Podría parecer una respuesta muy clara, que no tiene dificultad para responder. Y es que conforme a las leyes de la lógica, lo natural y legítimo es que los padres convivan bajo el mismo techo de sus hijos. Pero ¿siempre es lo mejor?

Creo que al respecto hay mitos que romper. En las parejas no es infrecuente hacer cara a situaciones de conflicto que eventualmente conducen a una ruptura temporal o definitiva. Esto supone familias que sufren cambios en su estructura básica con el alejamiento físico de una de sus figuras.

Es aquí donde surgen una serie de interrogantes en relación a los hijos de padres separados. ¿Qué pasa con ellos? ¿están los niños de padres divorciados en desventaja emocional con respecto a niños que viven con ambos padres? Mi respuesta es que que no tiene por que ser así siempre y cuando la situación de separación sea abordada de la manera más adecuada posible.

Cuando ocurre una ruptura, debemos entender que ocurre una desestabilización del ambiente emocional del niño que se puede manifestar de diversas maneras. Comportamientos y conductas de recriminación suelen estar presentes, así como también de manipulación o rencor hacia una de las figuras paternas e idealización de la otra. Puede haber igualmente sentimientos de culpa, ansiedad o hiperactividad.

En este punto, el mito a romper sería el pensar que estos cambios agudos en los niños los marcará negativamente para toda su vida. Según el psicólogo clínico infantil Sergi Banus Llort, “La separación produce, al igual que otras pérdidas en la vida, un proceso de duelo. El período de duración dependerá de cómo se ha afrontado por parte de los diferentes agentes y de la edad del niño. Normalmente antes de un año los niños suelen haberse adaptado a su nueva situación y no deberían presentar problemas significativos al respecto”. Es aquí donde el profesional de psicologia debe entrar en juego para minimizar los riesgos y el sufrimiento de los niños.

En algunos casos, una separación puede suponer la liberación de los niños de un entorno excesivamente conflictivo. A veces los niños están mejor en un ambiente de padres separados que en un hogar desdichado con ambos padres presentes.

La psicólogo Mirta Granero, psicoterapeuta comportamental-cognitiva del Instituto Kinsey de sexología en Argentina, opina que el divorcio o la separación en sí mismo no lleva necesariamente a problemas psicológicos del hijo. Aquél que vive en un hogar con padres en que la pareja no está integrada y son ambos infelices, es más propenso a encontrar dificultades psicológicas, que aquél hijo de una pareja que se lleva mal pero que ha tenido la suficiente fuerza y ha sido todo lo sana que se requiere para romper una relación patológica, si no han podido arreglarla.

Otro mito a romper es que el rendimiento escolar de los niños de padres divorciados es menor. Annette Kreuz, psicóloga y miembro de la junta directiva de la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas, afirma que los hijos de padres separados no tienen por qué sufrir más ansiedad, trastorno de conducta o fracaso escolar que los hijos de padres que conviven. Es un error atribuir cualquier problema a la situación de separación.

Semejante opinión mantiene la directora de los programas de Mediación de la Fundación ATYME (Atencion y mediación para el cambio), Trinidad Bernal quien dice que no se puede unir ruptura con fracaso escolar. De hecho, ha aludido a los casos concretos de los jóvenes con los que han tenido contacto para asegurar que el 85 por ciento de ellos mantienen o mejoran sus resultados académicos tras esta experiencia.

Como conclusión, lo importante es que los niños sepan que se puede terminar la relación y el amor en la pareja, pero que esto no va a cambiar el amor de los padres hacia los hijos.



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