La Serotonina y su Deficiencia

Soy paciente, y no precisamente del tipo que viene de “paciencia” sino más bien de “sala de espera”. Con una carga pesada de noches sin dormir, tristeza inexplicable, baja autoestima, falta de energía y migrañas, estoy esperando que me atiendan, porque decidí buscar ayuda.  No soy médico ni pretendo escribir un artículo de medicina; solo voy a comentar algo que me dijeron y que me llevó a investigar seriamente algunas cosas sobre mi organismo que nunca habría imaginado.  Ahora me entiendo mucho mejor.

Ya no en la sala de espera sino en una cómoda poltrona, el siquiatra me explica que mi problema no es otra cosa que deficiencia de serotonina, y lo mejor de todo: tiene remedio.  Tratamiento en mano, comencé a deshacer mi molesto equipaje y saqué de ahí:

–        Ansiedad sin fundamento.

–        Impaciencia inexplicable.

–        Fatiga cuando debería sentirme relajada y energética.

–        Dificultades cognitivas (problemas de concentración, lagunas mentales, etc.).

–        Pensamientos negativos sin causa aparente.

–        Agitación.

–        Manías y/u obsesiones.

–        Cambios de humor.

–        Ataques de hambre (especialmente por azúcar y carbohidratos).

–        Dolores crónicos (migrañas, jaquecas, fibromialgia, etc.).

–        Indiferencia ante situaciones a las que usualmente les pondría atención.

–        Preocupación excesiva.

–        Insomnio agudo.

–        Masoquismo.

–        Tristeza constante.

–        Sentir que todo se agudiza durante el mal tiempo climático.

La serotonina es un neurotransmisor producido a partir del triptófano, un aminoácido esencial en nuestra nutrición. Juega un papel importantísimo en nuestro estado de ánimo, el sueño (precursora de la melatonina), el apetito, el impulso sexual, el umbral del dolor, entre otras cosas. El proceso de su producción aparece en numerosas páginas de internet; mi propósito aquí es poder identificar esas áreas donde flaqueo y conseguir la ayuda correcta.

Si lees esto y te identificas con algunos de los síntomas que he mencionado, consulta con tu médico.  La solución podría ser más sencilla de lo que te imaginas y los resultados se sentirán en corto tiempo.   Aceptar el hecho de que necesitamos ver a un siquiatra es un camino espinoso para muchos.  La soberbia, los estereotipos y la presión social son a veces muy poderosos, y en ocasiones, vamos disfrazados con la mentirilla de alguna otra diligencia.  Sin embargo, al darnos cuenta de que un cambio de alimentación (o alguna medicación según el grado) combinado con ejercicios y terapia nos permite finalmente vernos sin ese velo de molestias, logramos desarrollar otras virtudes como la humildad, la paciencia, la tolerancia y el amor por nosotros mismos.



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