La sonrisa honesta: practícala más

Es una prédica frecuente del Dalai Lama, que el esforzarse por ser cordiales en nuestro trato diario, más que una simple acción de educación, implica una actitud hacia el mundo y hacia sí mismo. La cordialidad, el buen trato y las buenas maneras, son una manifestación de nuestro estado interno, pero mucho más que eso, también generan el estado interno que pretendemos transmitir.

Sabemos que las emociones generan conductas que se pueden transformar en un círculo vicioso sin salida. Si nos sentimos inquietos, intranquilos, irritados o asustados y actuamos constantemente de acuerdo a esas emociones, llegará un momento en el cual estaremos atrapados por ellas sin posibilidad de salir. La conducta y la actitud que la emoción genera se revierte sobre sí misma y reconfirma y fortalece el estado de ánimo que le dio origen.

Por otra parte, también sabemos, pues se ha confirmado en muchos estudios clínicos, que el esforzarse por mantener una actitud positiva, alegre, segura o cordial produce como contraparte que la emoción negativa subyacente tienda a disminuir en  intensidad y en frecuencia. Por extraño que pueda parecer, el sonreír, por ejemplo, si lo hacemos con plena conciencia y esforzándonos en experimentar la emoción que una sonrisa conlleva, produce en el tiempo, un cambio en nuestro estado de ánimo y terminamos sintiéndonos mejor.

En efecto, se ha demostrado que las conductas producen emociones y no solo que las emociones producen conductas.

A finales del siglo pasado se pensaba que expresar una emoción ayudaba a liberarla, ahora sabemos que eso no es cierto. Si alguien siente ira, y expresa cólera, encono y rabia de manera habitual, eso no lo ayudará a hacerse un ser humano más sereno y en paz. Caerle a golpes a un cojín, como se hacía en terapias pasadas, solo hace más sensible a la rabia aquel que lo hace.

No se trata de negar cómo nos sentimos, ni reprimir la emoción que experimentamos, negándola. Se trata, de que sabiendo que si actuamos de acuerdo a la emoción de malestar, tristeza o irritación que experimentamos, nos vamos a sentir cada vez peor. Pero sabemos también que podemos poner “al mal tiempo buena cara” y que esa actitud, realizada de manera consciente, tiende a revertir o por lo menos a aminorar el malestar que experimentamos.

Es por ello que la sonrisa viene en nuestra ayuda. Ayuda que es requerida precisamente en los momentos más difíciles. La sonrisa a nuestros semejantes es una sonrisa a nosotros mismos.

Pero debemos recordar que existen muchos tipos de sonrisa. El conocido investigador de las emociones y sus expresiones, el Dr. Paul Eckman, ha descrito 18 formas de manifestarse las sonrisas, pero solo una es verdadera, y es aquella descrita en el siglo XIX por Guillaume Dauchene, médico francés, y que por ello lleva su nombre, la sonrisa de Dauchenne.

sonrisaLa falsa sonrisa es una que  solo mueve la comisura de los labios, y ello es ocasionado porque esa es una sonrisa que no proviene del área de las emociones del cerebro.

La verdadera sonrisa, la sonrisa de Dauchenne, entre otras características, es una sonrisa que mueve el músculo orbicular de los ojos y hace que al sonreír se formen las llamadas “patas de gallo” y proviene del área límbica del cerebro, del área emocional.

En los momentos más difíciles, con plena conciencia, con la atención firmemente dirigida a lo que sentimos  y a lo que hacemos, esforcémonos por mantener una actitud cordial y con una sonrisa plena, una sonrisa de Dauchenne en nuestros rostros.

Es muy probable que nuestro país requiera ese esfuerzo de nosotros, que nuestras luchas, afanes, denuedos y coraje no marquen nuestras conductas y nuestros rostros con desánimo, pena, miedo o tribulación, sino que por el contrario busquemos el logro de nuestra metas dándonos unos a otros una espléndida sonrisa de Duchenne, y así se podrá seguir diciendo en el mundo, que Venezuela sigue siendo, pese a todo, una sonrisa.

 



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