La sonrisa que nos une al presente

La vida generosa nos ofrece las oportunidades justas para aprender. Nos invita a pensar diferente, a soltar los viejos puntos de vista para animarnos a ideas y soluciones nuevas. Sí, hablo de esas situaciones que muchas veces las etiquetamos como «problemas». Y resulta que cuando nos oponemos a lo que pasa, los problemas molestan. Sean con la pareja, de trabajo, dinero, de la vocación, los amigos, la familia, o salud.

En realidad, lo que molesta no es lo que pasa, sino lo que imaginamos que pasa. No nos molesta el otro, sino lo que pensamos de esa persona.

Porque cuando la mente se alimenta del drama, inventa personajes, roles, enemigos y finales. Comienza con una idea pero termina con una historia. Y si le seguimos el rollo puede dejarnos abrumados y asustados. Aislados.

Resistirnos al presente nos adormece. En cambio cuando nos entregamos, en lugar de reaccionar con la queja, podemos enfocarnos en el aprendizaje, despertando la creatividad que todos llevamos por igual.

Hacernos responsables de nuestra experiencia, porque lo que vemos que pasa afuera, en realidad nos está pasando adentro. Aceptar que lo que pasa es lo único que puede pasar, para permitirle a este momento que nos enseñe algo nuevo. Algo que hasta ahora no pudimos reconocer y por eso está acá, para darnos cuenta que detrás de eso que parece un problema, hay una enseñanza, una posibilidad de abrirnos a una experiencia valiosa.

Por eso, cuando la cabeza me cuenta un drama con los pensamientos, le sonrío. Si las ideas son del miedo, me río de esas ideas. Es imposible que realmente esté pasando eso. No lucho para que se calle, ni trato de contra-atacar con «pensamientos positivos», sólo sonrío. En esa sonrisa encuentro serenidad.

Y sólo cuando la mente está serena las nubes se corren, la luz pasa y podemos ver más claro. Así observar qué se siente bien y qué no, elegir, y tomar decisiones con certeza.



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