La sopa

Hoy la sopa del día es de MASCULINIDAD.

La verdad es que para muchos hablar de masculinidad y homosexualidad es motivo de controversia, ironías (¬¬) y demás, pero lo cierto es que, como diría mi abuela: ni una está peleada con la otra, ni la otra con la una.

Y es que durante algún tiempo había estado pensando en mi masculinidad y la forma en la que yo me asumo como hombre a pesar de ser homosexual y la verdad que me sorprendió mucho encontrar que eso no era motivo de conflicto conmigo mismo. Sin embargo, como homosexual, siento que hay varios compañeros a los que esta situación les incomoda un poco, me refiero a todos aquellos hombres afeminados de la comunidad -no tengo nada en contra de ellos y cada quién su vida- pero difiero un poco con ellos debido a esa manera tan necia y aferrada que tienen de comportarse de manera diferente a pesar de tener un envase con forma de hombre. Y digo, sí sé que hay estudios que dicen que los homosexuales somos en cierto sentido más sensibles y emocionales que un hombre heterosexual, entre otras cosas, como el que solemos entendernos muy bien con las chicas, pero eso no nos hace menos masculinos y les voy a explicar por qué.

Existen diferentes formas en las que se vive la masculinidad entre los hombres de hoy, sobre todo entre los homosexuales y por lo mismo, es un tema con diferentes matices, que solo se aprecian dependiendo del enfoque con el que se mira. Sin embargo, después de reflexionar ya en la soledad y tranquilidad de mi casa, caí a la cuenta, de que precisamente este tema es de los que más representa un problema -en diferente escala, claro- para los hombres y sobre todo para los hombres de la comunidad gay, ya que muchos han mantenido una lucha interna y constante con su masculinidad por diversas razones, ya sea el qué dirán, el guardar las apariencias, la comodidad, o la forma de flirtear etc. Pero realmente no debería ser un problema.

Personalmente sostengo lo anterior porque siempre he pensado que la masculinidad no está ligada a las preferencias sexuales, y un heterosexual no es más o menos hombre que un homosexual y viceversa –claro, aunque para salir del clóset si hay que ser bien macho– así como tampoco el ser pasivo es sinónimo de menos virilidad y el ser activo es hombría pura. Al final todos hemos nacido hombres y ser hombre implica que disfrutemos de nuestra condición varonil con naturalidad –cero poses y mucho menos exageraciones de «yo soy bien macho» porque se ve mal– sin tapujos, sin inhibiciones y con libertad, independientemente de que a algunos nos gusten los hombres y a otros las mujeres. Al final del día, nuestra masculinidad no queda marcada por la manera en la que vestimos –siempre y cuando no usemos los tacones y las faldas de la hermana, claro está– ni por como hablamos y ni mucho menos por a quien elegimos querer; queda marcada por nuestras convicciones, nuestra moral y la coherencia entre lo que pensamos, hablamos y hacemos. Eso es la verdadera masculinidad, y deberíamos a prender a conectarnos con ella de mejor manera; se siente muy bien una vez que descubres como hacerlo –si, uno solo lo va descubriendo, ¿pues qué pensaban?, cada uno tiene que descubrir cómo llegarle porque en esta vida el aprendizaje es personal y no se vale copiar– y hasta se disfruta mejor la vida al estar conformes con nosotros mismos.

masculinidadPor eso siempre he dicho que fantástico ser hombre –y muy práctico– , vivir en un cuerpo de hombre y hacer cosas de hombres: rasurarse, comprar ropa de hombre, oler a hombre, leer cosas de hombre, jugar a cosas de hombre –con otro hombres ¿por qué no? jajaja– …y bueno, de vez en cuando, divertirse y pasarla a gustito en compañía de otro hombre –no importa que sea heterocurioso–. El punto es, creo yo, que como homosexuales no debemos creernos ese cuento de que por ser gays, debemos ser de cierto modo, de que debemos estar peleados con nuestra masculinidad y mucho menos ¡que debemos ser «la amiga» de nuestras amigas!, porque podemos ser el amigo gay, sí, ¡pero seguimos siendo hombres, ¡eh chicas!, y al menos a mí, me gusta dejar eso bien claro con mis amigas.

Piénsenlo así chicos: si a nosotros nos gustan los hombres, pues es precisamente por eso, porque nos agrada la forma en la que somos los hombres. Es un error pensar que debemos actuar de manera más afeminada y delicada para gustarles a otros chicos, como también lo es asociar la masculinidad a los roles sexuales– y créanme que conozco mucha gente y las apariencias engañan–. Si hay otros chicos que se fijan en nosotros, es porque como hombres les gustamos tal cual. ¿Por qué no empezar a cambiar ese viejo modelo que nosotros mismos hemos comprado y comenzamos hoy a ser hombres plenos que disfrutan de sí mismos?

Yo he encontrado que no hay nada más rico que enamorarse de un hombre a gusto consigo mismo. Y no me refiero a que uno deba andar reafirmando su masculinidad con todo el mundo para que a pesar de que sepan que uno es gay, no lo agarren de la burla, o para que vean que somos bien machos, no. Más bien, es actuar de manera coherente con el cuerpo en el que vivimos dándonos la oportunidad de vivir la experiencia de ser hombres junto con esta virilidad y masculinidad innata de manera plena y con naturalidad.

Asi que vivamos esta masculinidad deliciosa, que es bastante buena la sabrosura entre dos caballeros conformes con el cuerpecito que Dios les dio.



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