La sugerencia del chef: una porción de psicología

La sugerencia del chef: una porción de psicología

Muchas veces tomamos la vía, sin querer, de una calle ciega. Es el panorama que pintamos cuando vamos descubriendo con preocupación que: Mi hijo no come esto, no come aquello, esto no le gusta, etc. Que no cunda el pánico. Frente a esta escena planteemos algunas estrategias:

  1. No mencionemos que a Pedrito no le gusta esto o aquello, simplemente olvidémoslo, no le demos importancia, sobre todo si hay visita o estamos en una casa extraña. La presencia de una tercera persona puede ser el catalizador para una “nueva probadita”, o por el contrario ayudar a reafirmar que está bien que no coma el alimento X. Ya les habrá pasado que la mamá de la compañerita o el compañerito de clases les haya dicho: “Qué bien come Pedrito, no dejó ni una caraotica en el plato”. En este momento el pobre Pedrito recibe una mirada fulminante porque en casa: ¡Ni se atreve a mirarlas!
  2. Si no estamos en presencia de un tercero, simplemente sirvamos en un espacio reducido del plato una pequeña porción, mejor dicho, un bocado de aquello que nos gustaría que probara. Puede funcionar, pero si no sucede, tampoco pasa nada. Quitemos el afán y hagamos ver al niño(a) que es él quien está dejando de disfrutar de aquello.
  3. Integremos a Pedrito en el mercado, pidámosle que elija los cambures, explicando el ideal de cómo deben verse, algunos calabacines, cebollas, etc. Un primer acercamiento al producto será un saludo cordial que en muchos casos comenzará a limar las asperezas o simplemente la extrañeza de Pedrito con dichos alimentos.
  4. Mercadeo en la casa: Asegurémonos de colocar, aquello que queremos resaltar en la dieta, en un lugar asequible, fácil y seguro para los niños. Por ejemplo: las manzanas harán mejor su trabajo si están en una cestita sobre la mesa de la cocina que en la última gaveta de la nevera. El principio del comercio que reza: “Lo que no se exhibe no se vende”. ¡Funciona también en este caso!
  5. En la nevera: Coloca en la puerta de la nevera y a la altura de tus hijos los yogures, en el estante que quede  frente a sus ojos, frutas lavadas, tal vez unas uvas en un platito, o un envase con patilla en trozos. De esta forma utilizaremos la estrategia de los pasillos del supermercado, esta vez en nuestro favor. Así mismo, aquellos alimentos que recomendamos de consumo menos frecuente,  mejor que estén dentro de las gavetas, o en la parte de atrás, al final de los estantes. El cerebro compra lo primero que ve.

No se trata de un truco de magia, me agrada la idea de compararlo con el generar una amistad:

No es del todo controlable, la primera impresión tiene peso pero una primera mala impresión también puede borrarse y decantar en algo positivo, no se conoce una persona en una sentada y tenerlo de amigo puede tomar algo más que un par de saludos, las recomendaciones o referencias personales cuentan, y por último, aquellos amigos que más se frecuentan inevitablemente se harán indispensables en la casa.

Espero que esta comparación tenga sentido, en fin, apliquemos en la alimentación aquello que resuena en los consultorios y espacios de asesoría del buen vivir: Desechemos las relaciones tóxicas y construyamos “amistades” saludables.



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