La torpeza está llena de explicaciones inútiles

Los griegos llamaban tálanton al platillo de una balanza y, por extensión, también a los metales preciosos que allí se pesaban. Posteriormente, se llamó talentum a las monedas que circulaban en el mundo helénico. Ya en Roma, en medio del desarrollo del Imperio, adquirió el significado de tesoro.

Más cerca en el siglo XI, el término talento adquiere un nuevo significado. Sucede que si alguien obtenía lucro de los tesoros confiados en custodia, entonces se convertía en talentoso. Sin embargo, aquel que enterraba su tesoro sin extraer ningún provecho, se transformaba en un torpe. Podríamos decir entonces que tu talento es tu más preciado tesoro y la torpeza es el hecho de esconder tu talento tras quejas y explicaciones inútiles.

En el ámbito empresarial es muy común encontrarse con situaciones ridículas relacionadas a esto. Algunas de ellas generan una hilaridad silenciosa. Hay torpes individuos que se empeñan en enterrar sus tesoros, escudados en explicaciones inútiles. Las más habituales son todas las que tienen antepuesta la siguiente frase: “lo que pasa es que…”. ¿Te has percatado que cada vez que se inicia con esta excusa, ese individuo está preparando una respuesta rebuscada, que pretende ganar un tiempo inconcebible para rasquetear alguna respuesta incrédula?

Alejandro Jodorowsky lo dice así: «es inútil que des explicaciones: tus amigos te entienden y tus enemigos no te creen». En Latinoamérica, los jóvenes se quejan de casi todo, la más común es: lo que pasa es que “no me dan la oportunidad”. Y los líderes de las organizaciones mal humorados y con elevada soberbia advierten: lo que pasa es que hay escasez de talento.

A mi juicio, entre ambos, hay evidentemente una conversación de distancia. La oportunidad nadie te la otorga, tú eres una oportunidad por sí solo. Nadie te contrata ni te asciende de cargo para darte la oportunidad, lo hacen porque ven en ti una puerta de entrada a un mejor resultado. Perciben tus tesoros, porque has evidenciado su brillo. Y las empresas, ciegas y sordas, encuentran escasez de talento porque no saben buscarlos en su gente. Las explicaciones inútiles siempre hacen perder tiempo, producen desgaste y destruyen la sincronía humana.

El mundo de hoy se ha dado un arriesgado permiso de hacer más demandas y menos pedidos, de que haya más indiferencia y menos conversación, de usar más gritos y menos susurros, cercenando así los hermosos talentos humanos. Pero solo hasta aquí. Esto puede y debe cambiar. Por eso, te invito a que seas parte de una nueva generación: la generación del tesoro. Es momento de usar el talento de todos en beneficio de todos. Es hora que los empresarios organicen mesas de conversación con sus trabajadores para conocer sus tesoros ocultos. Es tiempo que los jóvenes talentosos se bajen del pedestal de la queja y sean humildes protagonistas de un mundo que los quiere adentro y no afuera. Solo así, achicaremos la brecha y esfumaremos la torpeza. Y entonces… mágicamente… los talentos volverán a brillar.



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