La transformación de la oruga

Confiadas en la seguridad que el entorno les brindaba, dos jóvenes orugas disfrutaban de la extensa variedad de manjares que la vida les ofrecía en su andar.

Compartían inseparables todo tipo de hojas, convirtiendo en sus favoritas las tiernas ofrecidas de los árboles frutales, disfrutando de los regalos y bondades que les acobijaba de manera despreocupada. Se tenían el uno al otro y sentían que nada los podía separar.

En la cotidianidad habitual de su existencia; en un momento inesperado, el néctar dulce de las frutas atrae a las jóvenes orugas a la hora gris de los Cuervos, forzando despiadadamente la separación imprevista dejando frustraciones y sufrimientos en un corazón resignado.

Envuelta en sus emociones, la joven oruga buscaba respuestas dentro de lo que consideraba era el final de su razón de vida; donde a su vez encerrada en la soledad de su mente, tiempo suficiente tuvo para meditar y comprender toda la experiencia a lo largo de su existencia. Meditó todas y cada una de ellas, logrando observar lo que antes no veía y creer en lo que antes no imaginaba. Desprendió sus emociones de todo aquello que la limitaba y junto al valor y la paciencia que durante ese período le acompañaban, la humildad iluminó su espíritu  convirtiéndola en algo que ni siquiera siendo oruga anhelaba.

El renacer otorgó alas y su integración mental la llenó de una sabiduría que fue transmitiendo de flor en flor cual polen que contribuye a producir frutos de esperanza en aquellos quienes como ella la perdieron una vez.

Cuando la vida nos parece injusta, el destino nos concede momentos para analizar las circunstancias pasadas que nos permitirán comprender sus verdaderos valores.

Todo ser llega a nuestras vidas por causalidad y está encomendado a cumplir una misión que le permitirá transcender espiritualmente bien sea en esta vida o después de ella, y si estamos destinados a estar junto a esas almas, el universo se encargará de volverlos a encontrar.

La transformación espiritual es lograda mediante la compresión de nuestras experiencias y las reflexiones que éstas nos otorgan junto con las continuas acciones de buena voluntad que permitan el equilibrio y armonía de nuestro ser con el entorno, dicha acción nos concederá la iluminación.

Los misterios de Dios están hechos para comprenderse, reflexionar sobre ellos obteniendo una enseñanza y compartir el aprendizaje con sabiduría.

El tiempo sana las heridas emocionales y está en nuestra voluntad transformarnos en la más hermosa mariposa o abandonarnos quedándonos encerrados para siempre en el capullo.



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