La tristeza

La tristeza es una emoción o sentimiento que se escribe chiquito.

Se palpa con la punta de los dedos y se huele de a poquito; así sin muchas ganas.

Cuando uno se topa con ella de frente, el cuerpo se siente tan incómodo que debe drenar por los ojos a través de las lágrimas, evitando que los huesos se derrumben como piezas de dominó.

¿La tristeza? Se preguntarán muchos…

Hacer un artículo sobre la tristeza, qué raro, dirán otros.

Pues les cuento que sí. Porque la tristeza existe.

Ha comido conmigo un par de veces.

Ha tenido un orgasmo liberador incluso en mi cuerpo.

Se ha tomado un café a mitad de la tarde.

Ha cantado en un karaoke alguna canción de despecho.Ha rezado en una banca común en la iglesia.

La he visto llegar a casa, luego de un largo día de trabajo.

La abracé al despedir a quien amé, sabiendo que nuestra historia había terminado.

La tomé entre mis manos en el sofá de mis sobrinos al fallecer su mamá.

La intuí en la mirada de mi jefe al anunciarme que mi papá había muerto.

La leí en un mensaje del celular nunca respondido.

La besé en la frente de mi mamá fallecida en cuidados intensivos de un hospital.

La tristeza también forma parte del amor.

Esta en las cosas que simplemente pasan y no podemos cambiar.

Se reconoce en la historia más significativa de todos los tiempos. Ese viernes a las tres de la tarde cuando Dios vio morir a su hijo y María sintió desgarrar su alma de tanto dolor.

Porque la tristeza duele, pero al agradecerla, nos damos cuenta que todo se trasciende para estar en paz y ser mejor.



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