La vejez que quiero

La vejez que quiero

NO importa lo que hagas o dejes de hacer, esta maravillosa etapa de la vida llamada Vejez siempre va a llegar y tocar tu puerta. Lo importante es estar preparados para asumir este nuevo rol en la vida y recibirla con la mayor preparación para disfrutarla en BIEN ESTAR (bienestar).

En esta oportunidad he querido compartir con ustedes un artículo de quizás la psicólogo que más conocimiento tiene sobre el tema de la vejez en Venezuela. (Victoria Tirro)

«La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya es hora de morirse.» (Ernesto Sabato)

LA VEJEZ QUE QUIERO

Pasamos la vida planeando cómo alcanzar un sinfín de cosas a través de las cuales se busca dar sentido a la existencia (obtener la casa o el carro soñado, viajar a destinos inimaginables, ganar mucho dinero); desconociendo que las paradojas y la incertidumbre son pruebas que todo «guerrero de vida» debe saber enfrentar. ¿Estamos preparados para esto? ¿Es posible alcanzar una existencia plena y feliz, en etapas de la vida que a la mayoría le atemoriza? Definitivamente, sí.

En el día a día, se pueden encontrar ejemplos de personas que a pesar de los años, las enfermedades y las pérdidas, confiaron en sí mismos y cultivaron con sus acciones la esperanza y el optimismo de que la vida tiene un sentido y hay que aprovecharlo.

¡Qué interesante puede ser descubrir el secreto de la eterna juventud! Esto no radica en fórmulas mágicas o poderes sobrenaturales… solo en observar osados protagonistas de su propia historia.

La literatura especializada refiere una variedad de recursos para alcanzar un envejecimiento pleno: dietas, ejercicios, actividad intelectual, recreación, etc. Ahora bien, todo esto se potencia a través de un continuo entrenamiento de la fuerza interior, del espíritu: como un juego de pulso, donde el brazo resiste a la presión contraria que se le ejerce… así se fortalece el importante «músculo de la voluntad».

Al mirar alrededor se encuentran adultos que superados los 60 o 70 años se permiten seguir viviendo intensamente, buscando materializar deseos o proyectos forjados con los años. Ellos son modelos a partir del cual, las otras generaciones pueden inspirarse.

La clave fundamental para planificar y vivir la vejez que se quiere radica en la valentía de asumir los cambios, arriesgar e intentar, confiando en los recursos personales, mostrando interés por los demás y manteniendo una curiosa mirada por lo que acontece a su alrededor. La opinión de terceros pasa a un segundo plano y se obvian los temores transmitidos por otros.

La psicología de la vejez habla de las «marcas» propias de la edad: modificaciones corporales, duelos, jubilación, nido vacío. La forma como se asumen estos eventos son parte esencial de un buen envejecer. Las personas mayores con voluntad y valentía entienden estos cambios como parte del simple hecho de estar vivo y no perciben quiebre o ruptura entre una vida próspera y la total ruina. El humor, la alegría y la confianza de que todo tiene una solución los ayuda a seguir adelante.

¿Cómo evitar percibir al tiempo, arrasando con todo, como en Saturno devorando a sus hijos (pintura de F. Goya)? Puede darse una nueva mirada a aquello que tanta inquietud genera, a medida que pasan los años:

La soledad entendida como el espacio para contactar consigo mismo y con las propias necesidades (tantas veces relegadas por atender a otros). Se generan proyectos de crecimiento personal y se da cabida al intercambio activo.

Se resignifican los cambios corporales, concibiendo al cuerpo como un ente dinámico en constante evolución y ajuste. No es un enemigo al que debe atacarse, sino el lienzo donde se plasma nuestro estilo de vida. Esto forma parte de un proceso de aceptación.

La enfermedad como una oportunidad de aprender y analizar las verdaderas prioridades de la vida.

Lograr trascender estas particularidades, descubriendo la propia esencia se enlaza con la respuesta que damos a una pregunta fundamental, que debemos formularnos cada tanto: ¿esta es la vida que deseo? ¿qué hago para sentirme orgulloso de mí mismo? ¿cómo me reafirmo en mi dignidad adulta?

Si deben dejarse cosas y asumir otras, que a los ojos de las personas que los rodean puede ser entendido como un acto egoísta, asúmala como tal; al fin y al cabo, ¡uno hace la vida que quiere vivir!

Hacen falta muchos ejemplos de una vejez inquieta y diferente…

Homenaje post-mortem: Jesús E. Mazzei Berti / Amedeo Aliberti



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