¿La Venganza es saludable?

¿La Venganza es saludable?

Hablar de venganza se refiere a la satisfacción o desquite contra una o varias personas en respuesta a una acción que se ha interpretado como un daño u ofensa.

La venganza representa un detonante emocional que lleva a las personas a actuar en la búsqueda de reparar ese daño. Ahora bien, ¿podemos decir que es saludable o es dañina? ¿Es un plato que se sirve frío? ¿Es adecuado el ojo por ojo y diente por diente?

Antes de contestar esta pregunta hice un experimento social en twitter preguntando: ¿Alguna vez has utilizado la venganza?

32,2 % de los que respondieron dijeron que si, un 23,2 % manifestó que en ocasiones y un 44,7% dijeron que no.

Si observamos los resultados, la mayoría, en forma constante o eventual afirmó haberse vengado, y varios de ellos sin arrepentimiento alguno sino que lo percibieron hasta con satisfacción por hacer hecho justicia.

La experiencia de la venganza proviene de los orígenes de la raza humana, siendo utilizada incluso como un mecanismo de supervivencia, y ha sido la causa incluso de crímenes violentos.

Algunas venganzas parecen responder o corresponder más bien a verdaderos actos de justicia; como por ejemplo uno de los comentarios de la encuesta de twitter donde Lucy dijo:

“Boté en un río los tres ejemplares de la tesis de grado de una excompañera de residencia que robó mi impresora, mis zapatos y parte de mi ropa, en mi época universitaria. Esto ocurrió el día de su defensa. Sigo sin arrepentirme” Este acto de Lucy provocó aceptación y admiración por casi todas las personas que comentaron en la encuesta, lo catalogaron como justo, necesario.

Otros actos de venganza, sin embargo, son explosiones de ira o manifestaciones de baja tolerancia a la frustración como por ejemplo el daño que le hace una persona a su pareja cuando esta le confiesa que ya no le ama. ¿Podríamos considerar esto como una forma de justicia? ¿Justicia por recibir una declaración honesta de la otra parte?

Muchas investigaciones se han realizado en este tema, por ejemplo, la revista Science publicó en 2004 los resultados de una investigación que reflejaban que estas represalias activaban zonas cerebrales vinculadas a los procesos de recompensa por lo que quienes la ejecutaban, sentían satisfacción por el castigo realizado.

Por otra parte, David Chester y su colega Nathan DeWall, publicaron un estudio en el Journal of Personality and Social Psychology, donde concluyeron que “las personas agraviadas actúan agresivamente, sólo si esperan que la agresión pueda reparar su estado de ánimo”. Para llegar a esta conclusión hicieron seis estudios basados en dos experimentos donde le pidieron a los participantes que escribieran un ensayo libre para luego intercambiarlo con otros participantes y que los demás pudieran opinar sobre el mismo. En el experimento, uno de lo s investigadores fingió ser un participante y realizó comentarios ofensivos sobre los ensayos de los demás.

A los participantes que recibieron estos comentarios ofensivos se les entrego luego un muñeco vudú virtual que se parecía a quien los había ofendido; y se pudo demostrar que los participantes más afectados se sintieron mejor después de haber clavado las agujas en el muñeco. Este estudio vuelve a demostrar entonces que la búsqueda de la venganza tiene como objetivo fundamental el reparar el estado de ánimo.

Ahora bien, no menos cierto es que existen otras formas de obtener satisfacción personal sin herir a los demás y que estas represalias pueden con el tiempo afectar negativamente a quien las ejecuta; de modo que en muchos casos la supuesta satisfacción es solo temporal, un paño de agua tibia que no resuelve sino que puede terminar haciendo daño tanto al que la recibe como al que la da.

«Vengándose, uno iguala a su enemigo; perdonando, uno se muestra superior a él». Francis Bacon

La psiquiatra Judith Orloff en su último libro, titulado Emotional Freedom plantea que “Antes de dar el paso de perdonar a alguien, inevitablemente uno tiene que sentir ira, pues el perdón no se puede forzar ni fingir”, “Se trata de un proceso en el que la clave se encuentra precisamente en el “cómo” canalicemos esa ira.”

Ahora bien, el perdón es un valor, algo que decidimos creer y considerar importante en nuestra vida, es una habilidad aprendida que no quiere decir permitir la entrada del agresor en tu vida, pero si comprender que eso fue lo que tenía que dar de acuerdo a su nivel de evolución, sentir compasión por ello y dejar ir de tu vida. ¿Para qué? por tu propio bienestar, por tu liberación, para no encadenarte o quedarte enganchado en el dolor simplemente porque no te lo mereces, y porque desarrollar esta práctica te da autonomía y libertad de que tus emociones las manejas tu y no los demás.

Imagen de Ri Butov en Pixabay



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