La Verdad

Cuando aparece la verdad bien sea que nos la digan, o experimentemos instantes en la que nos la decimos nosotros mismos, podemos pillarnos nuestra propia resistencia, píllalo en forma de justificaciones, excusas, pues la idea es huir, creemos que escapando de ella estaremos seguros, estaremos a salvo, cómo si realmente nuestra verdad en lugar de liberarnos nos volviera esclavos, sólo así con esta falsa percepción podemos insistir en huir, en lugar de aceptar.

Sabemos bien que enfrentar ese momento duele, al punto que creemos que podemos morir, no nos damos cuenta que huyendo nos hace ya unos muertos en vidas, no nos vemos, no estamos presentes y en esa forma tan limitada de mirarnos, radica nuestra demencia de mirar con los mismos ojos a los otros, que no es más que una simple proyección.

Estamos secos por dentro y aunque gritemos sedientos, mejor nos resulta hacernos los oídos sordos que atender nuestra propia demanda energética, ya que todo es energía, y en este mundo tan denso y por tanto desgastante, mantener los niveles óptimos de energía es toda una tarea.

Nos hemos creído fielmente que es imposible encontrar así fuese una pequeña flor en esa piedra o roca gigante en la que nos hemos convertido, notamos la dureza y en lugar de quebrar la roca y profundizar, forzamos en la roca de otro, con la buena nueva que en ella o en la tuya, si nos transforma, somos testimonio viviente de que Somos Uno, no sólo con ese que te sirvió en la transformación, sino con todo y todos.

Estamos en búsqueda del verdadero amor, ese que tiene el poder de transformar y que sustituirá al falso amor, ese que aprendemos a buscar con gran necesidad, con expectativas, con algún fin, que colmamos de juicios, de resentimientos y pretendemos cambiar. Y en esa pretensión nos estacionamos a esperar por un cambio que está fuera de nuestro control.

Sólo el amor real, el incondicional, el desinteresado, calma nuestra sed, y si descubrimos que somos la fuente y nuestro propio manantial, transformamos la sequía. Cualquier otra forma de amar, sólo nos sirve de lección, es importante que aprendamos a reconocer lo que no es, de lo que es, desaprendamos lo falso y aprendamos lo real.

Tenemos apegos por los muros altos construidos, es mucho tiempo sin la verdadera visión, por ello, continuar en el mundo ilusorio creado es ya una costumbre, porque nos resulta conocido y lo desconocido lo evitamos por cuestiones de simple comodidad.

Sostienes el sufrimiento por elección propia, y no es morir, enfermar o envejecer lo que estamos evitando, aunque tanto le tememos que forzamos justamente esas experiencias al negar nuestra propia verdad, lo que realmente somos.

Dice Un Curso de Milagros,

“…Pues o bien eres lo que Dios creó, o bien lo que tú mismo has hecho de ti. Un Ser es real; el otro no existe…”.

Elige siempre percibir la inocencia en ti y en todos, la verdad siempre será verdad y nos hará libres, mientras que la culpa es la falsa ilusión que podemos desmantelar con la práctica del perdón, la gratitud y el amor incondicional, esencia divina que nos hace realmente seres ilimitados.

 



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