La verdadera naturaleza de un sueño

s. m. Proyecto, deseo o esperanza, con poca probabilidad de realizarse

Arrodillado, se sentaba sobre sus talones. Luego conectaba sus dedos en un mudra [1] y se encogía como un gato, hasta hacerse un ovillo. Eso era Milton cada noche desde León durante su meditación: una persona reducida a un ovillo, conectada a algo que no bien comprendo. Antes de iniciar, abría su minúsculo libro y seleccionaba el pensamiento que lo acompañaría en el viaje.

Galicia seguía orgullosa, mostrando sus verdes. Aunque se seguían agradeciendo, el sol no se había asomado en dos días, y el rocío que el día anterior parecía tan inusual y fresco, incomodaba de más. Ya queríamos parar, pero Milton tenía que llegar a la Villa de Portomarín, y no nos decía por qué. Al fin vimos la torre a lo lejos, y la bajada pronunciada que nos llevaba a las riberas del Miño [2] y al puente de Áspera.

Ya en el albergue, registrados y descansados, el grupo salió a dar una vuelta y a cenar el mejor pulpo de todo el camino. El motivo de la larga marcha se sentaba en una esquina, leyendo a media luz. Milton quería hablar con ella y me pidió invitarla a cenar. El trabajito de traductor no paraba, y llegaba el más difícil: Sabrina era una chica italiana de 34 años, de poco inglés, pero mejor opción que mi italiano formado por ‘pizza’, ‘buongiorno’, ‘nonna’ y ‘pesto’.

Esa noche, por primera vez, Milton nos invitó a sus reflexiones, con la condición de que sólo escucháramos. Todos menos Sabrina, que sí podía hablar (y yo traducir como mejor pudiera). Sentado y erguido, iniciaba, uniendo los dedos pulgar y medio [3]:

– Agradezco profundamente a todos, por acompañarme, por ser parte de mi camino. Son todos extraordinarios, personas en las que los sueños han encontrado tierra fértil, hombres y mujeres atraídos por lo que otros creen fantasía, protegen, anhelan y lograrán sus profundos deseos. Desencantados del brillo, pueden reconocer la luz. En Sabrina, la tentación de la cotidianidad quiere hacer mella.

No sé quién estaba más consternado, ella por reconocerse en sus palabras o yo por tener que traducirlas. Como pude hice la tarea, llevando y trayendo. Ella daba sus razones:

– Ha sido mucho tiempo. Mucha decepción, muchos callejones sin retorno. Ésta es mi última rebeldía, al regreso prometí ser una mujer normal. Son sueños de niña, y ya es hora de ser una adulta.

Milton sonreía mientras negaba con la cabeza:

– Te vas a hacer daño. Tu sueño es tu obra, tu creación, una parte de ti. Es más importante que una mano o un pie. ¿Te cortarías por voluntad una mano? ¿Tiene derecho alguien a pedirte eso? Los sueños no se abandonan nunca, aunque tu cabeza te haga pensar que no se van a cumplir. Lo que llamas “normal” es una persona sin sueños, o que teniéndolos los ha abandonado y busca por envidia que la acompañes. No escuches los motivos para abandonar, mejor busca los caminos para el logro. Las excusas son fáciles, yo no las acepto, tú puedes hacer lo mismo.

Así empezó una conversación larga, llena de razones, de crítica y de respuestas. Sabrina peleaba sin aliados y estaba a punto de rendirse; en el fondo se sentía sola, se sentía diferente, era una cebra sin rayas, aunque tratara de pasar desapercibida, su rareza producía atracción y excitación a su entorno, más preocupación a sus afectos. Lo más gustoso de esa noche es que nunca se preguntó o dijo cuál era su sueño, porque no era importante, porque servía para cualquiera. Para todo tenía Milton contesta. Recuerdo, de lo último dicho:

– Una persona extraordinaria no se puede medir por las reglas hechas para la persona promedio, para el común. Si en lugar de ir al médico vas al veterinario, saldrás mal en las pruebas. No eres tú, son los instrumentos no hechos para ti. Tus tiempos son tan distintos como tus sueños. Aunque una persona pase esta vida sin lograr su anhelo, no es motivo para abandonarlo. Si sólo te rodea viento en contra, aprovéchalo para volar a otras tierras, donde puedas crecer. Tus sueños te trascenderán, por favor protégelos, para que lo que yo siento hoy, lo pueda ver alguno de los tuyos.

Entre las curiosidades de Portomarín, está que el antiguo pueblo fue inundado en la construcción del embalse. La iglesia de San Nicolás fue trasladada piedra a piedra hasta donde está hoy. Cuando el nivel del agua lo permite, se pueden ver restos del antiguo puente y las ruinas del pueblo en el fondo del embalse.

Las conversas y la amistad llevaron a Sabrina con nosotros hasta Santiago, donde rentamos un apartamento para la noche. Todos partimos al día siguiente, para algunos el camino acababa y era tiempo de volver, mientras que para Sabrina se extendía la experiencia hasta Cabo Finisterre [4]. Aunque está prohibido hacer fuego, la tradición invita a los peregrinos a quemar su ropa y dejar ahí las botas, como símbolo del nacimiento del nuevo hombre. Muy temprano en la madrugada, me despertó al deslizar bajo mi almohada una bella nota con su e-mail y dirección en Rimini [5]. Entre lágrimas me daba un beso y se despedía, pidiendo que no me levantara. Sólo me dio tiempo de desearle, como es costumbre de Santiago, “buen camino”. Espero que haya podido mover las piedras de sus sueños a un sitio más alto y seco.

http://lalatadegarbanzos.blogspot.com/2014/08/sueno.html



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