La verdadera prisión no es estar tras las rejas sino la mental

La verdadera prisión no es estar tras las rejas sino la mental

¿Cuántas personas están presas injustamente por defender ideales, por defender sus valores? Es absolutamente lamentable que situaciones tan dantescas ocurran, y cercenen de esta manera el derecho legítimo de la libertad de expresión, pero sucede en muchas partes del mundo y en mi país.

Ahora bien, el objetivo que pretendo lograr en este artículo no es el análisis de estas situaciones de injusticia, sino la verdadera prisión que se genera tras las rejas: la que ocurre cuando la persona decide encarcelar su mente, llenarla de odio, de depresión, de resentimiento y de ira desmedida que despliega como el agua de una represa que se resquebraja y arrasa todo a su paso.

No podemos negar que debe ser una experiencia traumática el estar detenido, y más aún de forma injusta. El verse privado de libertad debe ser realmente desesperante, pero al salir de esto, ¿qué queda? ¿Renacer como el ave fénix?, ¿ser ejemplo para otros? Son buenos caminos, aunque muchos no lo logran solos, pero tienen la inteligencia necesaria para buscar ayuda terapéutica.

La historia nos da muchos ejemplos de seres que pasaron de presos a inspiradores como es el caso de Nelson Mandela  quien dejo escrito lo siguiente: «La celda es el lugar idóneo para conocerte a ti mismo. Me da la oportunidad de meditar y evolucionar espiritualmente».

Nelson Mandela fue encarcelado en la prisión de Robben Island, donde permaneció durante dieciocho de sus veintisiete años de presidio. Es considerado como uno de los símbolos de la lucha por los derechos humanos en el mundo y de resistencia contra la represión de la libertad de pensamiento; llegó incluso a ser presidente de Sudáfrica a través de las primeras elecciones democráticas por sufragio universal en el país en 1994, y su objetivo primordial era tener una democracia multirracial en Sudáfrica.

De Miguel de Cervantes se dice que durante su estancia en la cárcel empezó a escribir su histórica obra Don Quijote de la Mancha.

Concluyo que la peor prisión es la mental, donde las llaves de las rejas que te separan del amor y el bienestar las posees tú, pero no las ves o no deseas utilizarlas para así ir muriendo cada día en tu propia soledad. Es tu mente la que puede darte alas y llevarte a donde no te imaginabas poder llegar o que puede aplastarte de un solo golpe.

Tu mente es tu cielo o tu prisión. Tú decides.



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