La vida es como uno quiera mirarla

Esta es una de mis mayores y mejores certezas de vida, aquello en lo que creo profundamente. Cuando uno cambia la manera de mirar lo que ocurre afuera de nosotros, las situaciones, eventos, personas, conflictos y todo lo que conforma nuestro entorno cambia. La manera en que miramos y percibimos a todos y todo lo que nos rodea determina cómo nos relacionamos y reaccionamos ante mundo exterior e influye directamente en nuestro bienestar.

En la mañana cuando dejo a mis hijas en el colegio, casi siempre antes de despedirlas les digo: pónganse los lentes mágicos para ver lo bueno… y luego me cuentan lo que vieron. Lo segundo no tiene mucho que ver con la manera de mirar la vida, pero es mi manera de hacerles saber que ellas me importan y que me tienen ahí siempre para compartir todo lo que deseen contarme.

Nuestra actitud hace la diferencia en la manera de estar y participar de la vida. Si pudiéramos medir nuestra experiencia de vida con una cinta métrica, lo que ocurre afuera marcaría una pequeña parte de la cinta y el resto, la mayor parte, se corresponde con la manera en que reaccionamos ante todo aquello que sucede en el exterior. Esta porción mucho mayor representa nuestra actitud. Se trata de recordar la regla del 90/10 para crear nuestra experiencia de vida. En la cual el 10 % representa lo que sucede afuera y el 90 %, cómo reaccionamos ante esto que ha sucedido, nuestra actitud.

Lo mejor de toda esta historia es que la actitud es algo que depende únicamente de nosotros, que podemos modificarla y elegirla cuando lo hacemos consciente. Una vez que hemos despertado dentro de nosotros ese poder para usarlo, resulta muy esperanzador saber que la solución para sentirnos bien está en nosotros y en cómo queramos mirar la vida.



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