La viveza criolla y su efecto negativo sobre la economía

El 4 de febrero de 1949 el ministro de Educación venezolano, Augusto Mijares, creó la revista Tricolor, una publicación infantil destinada a afianzar la identidad nacional. El primer número de la revista comenzaba con un cuento del pícaro tío Conejo, dibujado por Carlos Cruz Diez, siendo Antonio Arraiz quien daría vida a este personaje. Lamentablemente, este gracioso conejito, protagonista de cuentos que escuchamos muchas generaciones, es una manifestación de identidad colectiva, de individualismo y egoísmo, es una representación solapada de individuos que engañan, se burlan de los otros y no respetan las normas, imponiendo sus necesidades y deseos sobre los otros.

En uno de los cuentos, Antonio Arraiz narra, cómo tío Conejo le pide a Dios ser más grande y fuerte. Dios lo reta pidiéndole que le traiga a tía Culebra, a las tías Avispas y una lágrima del tío Caimán, como algo imposible de hacer, para que se le quite la idea de la cabeza. Pero tío Conejo lo logra, usando mentiras, engaños y todo tipo de picardías. Al final, Dios lo hala por las orejas y lo deja pequeñito, porque le parece que si lo hace más grande, siendo tan vivo, extingue a todos los demás animales. De manera que tío Conejo es una ilustración gráfica y literaria de la denominada “viveza criolla” del pueblo venezolano.

Para el autor Axel Capriles, en su libro “La picardía del venezolano o el triunfo del tío Conejo”, lo interesante de los cuentos de tío Conejo y tío Tigre, es que representan fábulas criollas muy arraigadas a nuestra cultura y a nuestro inconsciente colectivo, donde la moraleja suele ser un antivalor, porque nos dice: “ser vivo es bueno”, y no es la fuerza y la capacidad la que se impone, sino la astucia y el engaño de los seres, que pareciendo pequeños, simpáticos e inocentes, son peligrosamente pícaros.

Por eso, nuestro economista camuflado se puso a investigar sobre uno de los efectos más nocivos de la “viveza criolla”, del individuo que como tío Conejo, pasa por encima de todos los demás seres del reino animal para lograr sus fines, y el economista camuflado consiguió que el efecto más nocivo de la viveza, es el costo de oportunidad de la corrupción.

El excesivo individualismo, o la parte negativa de la viveza criolla, es un terreno fértil para la corrupción administrativa. Porque una persona con acceso a los recursos colectivos, que antepone sus intereses a los del conjunto, no le tiembla el pulso a la hora de tomar posesión de esos recursos, para sus fines individuales. Es así como en América Latina y en Venezuela, a lo largo de la historia, millones de dólares se han perdido por el mal manejo de recursos de la sociedad. Por esta razón el costo de la “viveza criolla” ha sido el retroceso, la falta de progreso o el rezago histórico en el desarrollo económico. Mientras unos pocos se enriquecen con el patrimonio de muchos otros, aquellos que no gozan de esos recursos, dejan de tener acceso a las oportunidades que les permitiría el desarrollo pleno de sus capacidades.

La picardía impuesta como una forma de ser colectiva, impide que se rompa el círculo vicioso de la corrupción. Aquél que llegue tener acceso a los recursos de la sociedad, se apropiará de ellos, porque lo ve como un “hecho natural”, aceptado por todos. Lo que es tremendamente negativo es que la corrupción tiene impactos en el corto plazo, porque genera limitaciones al crecimiento, y en el largo plazo, porque genera frenos muy fuertes al desarrollo económico, al instaurar la ineficiencia y el derroche. Expresiones tan comunes como “a mí que me pongan donde haya”, reflejan que todo al que aspira a una cuota de poder no es para trabajar para el bien común, sino para enriquecerse con los recursos de muchos otros.

En los últimos años se han hecho numerosos estudios en América Latina sobre el impacto negativo de la corrupción en la economía. Formas de corrupción como el soborno, el chantaje o el abuso de poder aumentan los costos transaccionales y el grado de incertidumbre en el sistema económico. La corrupción suele producir resultados económicos poco eficaces. Obstaculiza las inversiones extranjeras e internas a largo plazo, desviando el talento humano hacia actividades poco lícitas y distorsionando las prioridades sectoriales y las elecciones tecnológicas. También expulsa a las empresas del sector formal y menoscaba la capacidad del Estado para obtener ingresos y prestar servicios públicos de calidad.

Son muchos los efectos negativos de la “viveza criolla” en Venezuela y América Latina, cuando se enfocan en la corrupción administrativa. Así como los famosos cuentos venezolanos de tío Conejo y tío Tigre, si le das demasiado poder al pícaro y astuto tío Conejo, terminará siendo más peligroso que tío Tigre.



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