Ladrillos de esperanza

Recientemente estuve en México y visité una comunidad maya. Presencié con mucha tristeza la cantidad de basura plástica que abundaba por todo el pueblo. Ahora me encuentro en Venezuela y también me ha impactado profundamente ver en las calles y carreteras, enormes cantidades de plástico desperdiciado. En mi búsqueda constante de soluciones, ante esta epidemia mundial, me llena de esperanza conocer historias de personas que están consiguiendo maneras de abordar creativamente este problema. La protagonista de una de estas historias es la activista ambiental Susanne Heisse. La excelente labor de su organización Pura Vida es un gran ejemplo para el resto del mundo. Utiliza el eco-ladrillo para promover la conciencia ambiental, el reciclaje y la nutrición apropiada en las escuelas de Guatemala.

La historia de Susanne es conmovedora y sus logros merecen reconocimiento. En la comunidad maya donde reside (San Marcos de la Laguna, en la orillas del hermoso Lago de Atitlán) comenzó por involucrar a los niños ofreciéndoles materiales para su escuela a cambio de botellas de plástico rellenadas con los empaques de sus chucherías. Los envases recolectados y rellenados por los niños fueron utilizados para la construcción. Creó el Manual de reciclaje Pura Vida, que ha ayudado no solo a la gente de su comunidad inmediata, sino también a otros pueblos de Guatemala. Algo de gran importancia en un país con tanta pobreza y que a menudo es azotado por huracanes, lo que genera un incremento mayor de sus necesidades esenciales.

ladrillos-de-esperanzaLo interesante de los eco-ladrillos es que son una solución viable, sencilla y económica de recolectar y reutilizar, no solo las botellas de plásticos (PET), de refrescos o agua, sino que éstas pueden ser rellenadas con una gran cantidad de basura que se produce en cualquier comunidad del mundo, tales como bolsas, empaques de comidas y cualquier desecho no orgánico. Es una maravillosa solución que evita el desperdicio de este valioso material cuando es enterrado en los vertederos de basura. Al contrario, se le da un novedoso uso funcional a estos elementos. La botellas sirven como material de construcción para escuelas y hogares a muy bajo costo. Un residuo contaminante y peligroso para el ambiente se transforma en un apreciable recurso. Este «ladrillo» económico puede durar mucho más que los ladrillos tradicionales (300 años aproximadamente). Es anti sísmico y también un excelente aislante del calor y del ruido.

Susanne no se limitó a enseñar a la comunidad a fabricar eco-ladrillos. Inspirada por los tipos de empaques que los niños metían en la botellas (de alimentos de muy poco valor nutricional) surgió la premisa Mejor nutrición – Menos contaminación. Ideó un programa de educación para la comunidad en el que se re-orienta a la población a una conducta de consumo y dieta responsable y nutritiva. Su proyecto parte de una cosmovisión integral que resalta la importancia del medio ambiente, de la tierra, del agua y de la nutrición como componentes esenciales para una vida sin contaminación ambiental, física y mental.

Ojalá que esta semilla de amor que Sussane sembró se esparza por todo nuestro mundo. Y que su trabajo sirva de estímulo para que en un futuro cercano reutilicemos todo el plástico que consumimos, y así proporcionar mejor calidad de vida a los que habitamos este hermoso planeta.

 



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