Lamento informarte: la media naranja no existe

Lamento informarte: la media naranja no existe

Cuando piensas en encontrar el gran amor de tu vida, seguramente viene a tu mente la referencia a hallar, quizás escondida en un gran pajar, a tu media naranja.

Parece que la responsabilidad la tiene el filósofo Platón. Concretamente la media naranja nace en una de sus obras escritas alrededor del año 350 a.C. titulada El banquete o El simposio, en la que trata sobre el amor, y que fue la base de la idea del llamado “amor platónico“.

• El mito de la media naranja

Como sabes, esta expresión se utiliza para simbolizar el amor ideal, ese que parece salido de una película, y que dura para siempre.

En un sentido más visual, cada integrante de la pareja sería la mitad de una unidad, que solo se completa cuando encaja armoniosamente con la otra. Es como la Cenicienta y el pie exacto para el zapatito que lleva el príncipe.

Tal como presientes, estas cosas suceden solo en los cuentos. La realidad es un poco diferente, sin que por eso debas negarte al amor de verdad, si eso es lo que quieres y eliges.

• Todos somos completos

Independientemente de lo que creas, desde un punto de vista del Ser todos nacemos, vivimos y morimos completos. No hay una mitad que me corresponda para completarme. Se trata, pues, de un concepto erróneo, ya que eso diría que tu Ser está diseñado a medias, cuando, en verdad, tiene todo lo que necesita para desarrollarse y crecer, incluso en el amor.

Por otro lado, el mito de la media naranja alude a que casi deberías ser igual al otro (su otra mitad) para que la relación funcione. Y, en la práctica, sucede que es necesario tener puntos en común, e, incluso, bastante diferentes, para complementarnos.

• Parejas desparejas

Cuando se trata de buscar el amor suele aparecer un gran síntoma de decepción y frustración, ya que la ansiedad por el descubrir un otro a tu medida puede llevarte a conocer personas apresuradamente; a entregarte sin medir consecuencias; a caer en los celos, la simbiosis entre los dos y, a veces, hasta la entrega total de tu libertad. Aquí ya se trata de algo patológico, que necesita ser abordado por un terapeuta entrenado.

Lo que sí es posible alcanzar, y de esto se nutren millones de ejemplos en el mundo, es el encuentro entre dos personas que, tras elegirse, se proponen unos objetivos en común.

En la mejor expresión de las parejas funcionales, ser disparejos es un beneficio, al revés de lo que se piensa que podría ser un contra. La complementariedad trae curiosidad por seguir descubriendo el mundo del otro, más allá de las diferencias; es nutritiva para el amor para generar nuevos acuerdos del encuentro mutuo, y alcanzar espacios comunes para compartir, disfrutar y transitar el tiempo que elijan estar juntos.

• Una negociación permanente

Pasados los violines del amor, como señala una expsicoanalista que me asistió durante varios años, la etapa de seducción y enamoramiento deriva en otras fases. Para que un vínculo de pareja prospere es necesario abrirse a las diferencias; aprender de esas brechas y no sentir que se está en frecuencias distintas cuando no se coincide en gustos personales, como son la música, el cine, las comidas o la lectura.

Sin embargo, cuando la relación empieza afianzarse -lo que implica una buena dosis de paciencia, entendimiento, comprensión, escucha atenta y, sobre todo, tiempo-, es deseable que ambas partes determinen puntos de contacto. Luego, la vida misma traerá discordancias que podrán ir zanjándose progresivamente.

De la superación de los obstáculos depende que se sigan eligiendo. Y es una apuesta consciente de cada integrante.

Entonces, la pareja destinada a progresar y perdurar puede definirse como la compuesta por “dos naranjas enteras, sostenidas de la misma rama”.

Y esto no es un mito: es la pura verdad. Así funcionan los que se aman por muchos años. Y aun luego de este plano físico.

¿Qué piensas tú sobre este mito de la media naranja? ¿Cuál es tu experiencia?

Imagen de Michal Jarmoluk en Pixabay 



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