Las cadenas del dolor

Las cadenas del dolor

El dolor es energía. Una mezcla de pensamientos y emociones que, al no ser liberados, quedan en nuestro cuerpo haciendo que la energía deje de fluir y nos vaya contaminando. Ese es el dolor. Pero esa energía –pensamientos y emociones– no sólo contamina nuestra historia sino que comienza a crecer y así va creando una cadena de dolor.

El dolor que heredé de mis padres, lo heredo a mis hijos, mi pareja, mis amigos o compañeros de trabajo. Y voy creando una cadena de dolor. Cuando esto pasa, sentimos que perdemos la posibilidad de transformarnos y llevar ese dolor se hace parte de nuestra personalidad.

¿Qué hacer? Identifiquemos el dolor y definámoslo. Démosle un nombre e identifiquemos qué pensamientos y emociones están relacionadas con él. Busquemos a quienes han sostenido un dolor parecido en nuestro entorno. Quizás debamos recurrir a los recuerdos, especialmente de la etapa infantil, ya que tenemos la tendencia a “copiar” la energía de nuestros padres o de las personas con que hayamos convivido más tiempo en los primeros años de vida.

Luego,  identifiquemos a quienes les estamos transmitiendo ese dolor hoy. Pueden ser personas a las que le reclamamos atención, con quienes mantenemos un conflicto, aquellas que hemos convertido en víctimas o de las que quizás nos hayamos victimizado.

Así, podremos ver que parte ocupamos de esta cadena.

Y, lo más importante, al liberar a la persona que manteníamos atada, romperemos la cadena. Y energéticamente esto impactará en los eslabones inmediatos. Es decir que liberando es como nos liberaremos.
 



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