Las caras del desengaño amoroso

Las caras del desengaño amoroso

Un desengaño es una situación que desvirtúa la relación amorosa, donde nos sentimos traicionados, heridos y hasta burlados. Es una experiencia sumamente dolorosa, por una parte porque atenta directamente hacia el ego o sentido de valoración personal en algunos casos, y en otras por la imposibilidad de poder continuar disfrutando de ese amor que sentíamos.

Ahora bien, este desengaño puede tener más de una arista:

Desengaño real: que proviene de la verificación de la no correspondencia del amor otorgado. Tenemos pruebas de que la persona que amamos ya no nos ama o por lo menos la medida de su amor difiere mucho de la nuestra lo que genera mucho dolor y tristeza. Acá no hay dudas, sino la decisión de continuar con una relación que nos hace daño o, cerrar este ciclo, sanar y volver a intentar una vez que nos hayamos curado.

Desengaño encubierto: que es exactamente igual al primero, pero que podemos disfrazar bajo la fantasía de que todo está bien, y lo encubrimos forzando a continuar una relación que ya no tiene presente y mucho menos futuro. Habría menos desengaños amorosos si dejáramos de sobredimensionar a la persona a la que le entregamos el corazón. El amor debe basarse en realidades y no fantasías.

Desengaño fantasioso: que es el que proviene de nuestros propios fantasmas o tormentas internas que nos pueden hacer ver realidades que no existen, y que suele provenir de nuestros miedos a fracasar que al llegar a ser muy fuertes pueden crear una situación que realmente solo existe en nuestra mente. Todos tenemos miedo al sufrimiento, miedo a que eso que es tan hermoso se termine, y para protegernos podemos evitar el sentir; algo así como miedo a subir las escaleras para evitar caerse. De hecho, el miedo al compromiso no es otra cosa que miedo al sufrimiento para que nadie me pueda sorprender con el dolor.

Si estamos conscientes de esto, podemos trabajar en no crear fantasmas que solo nos hacen salir corriendo, y crear historias que solo existen en nuestra mente. No importa lo que hayamos sufrido, no todas las personas son iguales ni todas las relaciones lo son, lo más sano es siempre dar un chance al amor en nuestras vidas

En los tres casos hay un único elemento o actitud poderosa para superar el desengaño. No es otra cosa que la certeza que se tiene del valor personal (ojo, no es egolatría), es el saber o estar consciente del amor hacia la otra persona, pero que nunca puede ser superior al que se siente por uno mismo.

Si analizamos el mandamiento que dice “amar al prójimo como a uno mismo”, y lo escudriñamos, podemos descubrir la poderosa enseñanza que nos muestra. En ningún momento habla de amar al otro por encima de nosotros; esto sería un absurdo, nuestro amor personal no puede depender del amor que sienta otra persona hacia nosotros. Por otra parte, si no nos amamos, difícilmente podremos amar a otra persona. En todo caso lo que se busca es que otro reafirme nuestro valor, o peor aún, que nos enseñe a amarnos, y al desaparecer ese pilar de amor todo se derrumba. Cuántas historias trágicas no se han desprendido del desamor: suicidios, depresiones, anulaciones personales, solo por no entender que el amor parte de uno, y desde allí se irradia, jamás al revés.

Con esto no quiero decir que una ruptura amorosa producto de un desengaño no duela, porque sí duele y mucho, pero también es cierto que se supera, y acá debemos aferrarnos de nuestra valoración personal y de la ayuda del tiempo que todo lo sana.

Cuando ocurre el desengaño que es producto de una realidad que impide que la relación continúe, lo mejor que podemos hacer es aceptarlo y vivir el duelo. Sé que es un sube y baja, algo así como una montaña rusa, pero el tiempo va sanando.

Me han preguntado ¿cuánto dura ese duelo?, y esta es una pregunta que no tiene una respuesta mágica. Es un proceso que depende de cada persona, sus vivencias y herramientas para superar la situación donde la seguridad personal juega un rol protagónico, por lo que su duración no puede prefijarse. Ten paciencia contigo, vive tu proceso, pero sin hundirte; mantén la vista en salir del dolor y la certeza que puedes hacerlo.

Hay días mejores que otros, y momentos en los que lo que creíamos que estaba superado se vuelve a sentir.

El mejor aliado que tenemos para superar este proceso es una sólida autoestima y la independencia emocional que nos da la base para seguir adelante con la confianza de que no todo está perdido, que a la vuelta de la esquina seguro existe un mañana mejor.

También es importante pasar no solo la hoja del libro ni el capítulo, sino cerrar el libro y desprendernos de él. En este sentido, es importante el desprenderse por lo menos en la etapa inicial, de salidas, llamadas telefónicas, intentar averiguar qué está haciendo la otra persona, enviarle mensajes de texto, fantasear sobre qué hará con una nueva pareja, mantener la mente en los recuerdos de los momentos vividos. No te humilles, no mendigues, tú vales. ¡Repítelo, por favor! Mientras te mantengas en estas conductas, no sanarás.

Llora todo lo que quieras, desahógate. El dolor es necesario y hay que vivirlo ya que nos ayuda a crecer, a aprender, pero no te quedes pegado en esta fase. Date un tiempo para luego ocupar tu mente en otras cosas que te gusten; distráete; sal con amistades, en especial a lugares nuevos donde no hayas compartido con esa persona; acude a terapia si sientes que lo necesitas.

Ten presente que el final de una relación representa un nuevo comienzo, y que Dios suele siempre responder a nuestra oración de librarnos de todo mal. Esa persona estuvo en tu vida por algo, obtén el aprendizaje, cura tus heridas y solo entonces estarás listo(a) para iniciar una nueva relación.

Puedes superar el dolor más que rendirte a él. Es solo decidir si prefieres quedarte en el rol de víctima o pasar a ser el o la protagonista de tu vida.

Hasta las pasiones más fuertes y duraderas llegan a olvidarse con el paso del tiempo, y es que la naturaleza humana tiene defensas para cualquier contratiempo como arma para la supervivencia. «¿Por esta persona tenía yo tanta locura?». Es la pregunta que se repiten los que ya olvidaron y ven con sorpresa que tanto sufrimiento que experimentaron se ha esfumado de forma sorprendente.

Es conveniente dejar pasar el tiempo lejos de ella, y tal vez más adelante la amistad sea posible si es una persona cercana. Con el paso del tiempo las cosas se ven diferentes, pues no hay nada más cierto que las cosas del amor es el tiempo quien las cura.

Tú, que lees este tema, lo más probable es que hayas vivido en tu vida un desengaño amoroso, y hoy, al mirar hacia atrás, ya no duele. Confía en el tiempo y su poder sanador, y sobre todo, no aniquiles tu posibilidad de amar por una o varias experiencias negativas, porque aquellos que tienen fe en el amor siempre serán recompensados.

Eso sí, trata de ser tú una mejor persona para que puedas atraer también a esa mejor persona a tu vida.



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