Las dualidades de la vida

Las dualidades de la vida

“Así la muerte sirve para hacernos pensar, pero no sobre la muerte, sino sobre la vida”. Fernando Savater

 

Con pocos días de diferencia vi partir de este plano, de forma inesperada, a dos personas muy queridas para mí. Una de ellas era mi hermana por elección, mi amiga (que a la vez era mamá y esposa). A sus familiares (y a mí) nos tomó de sorpresa esta noticia. Una semana después, el hijo de unos primos se fue de este mundo de manera también intempestiva. Todos estos acontecimientos me dejaron una profunda reflexión.

Hay una frase de Buda que dice: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. Esta máxima de vida nos ilustra los contrastes que la existencia de seguro nos trae.

A veces la vida nos da momentos llenos de alegría, y otros tantos están marcados en la tristeza. Muchas veces estos hechos son muy difíciles de transitar, aunque ineludiblemente forman parte de nuestra existencia, de estar vivos.

Lo que nos dejan estos seres que se van sin avisar a los que permanecemos todavía en este plano es un vacío difícil de describir. No hay palabra que alcance, ni consuele a los que estamos experimentando estas pérdidas, esto le ocurre en especial a sus familiares más cercanos y amigos.

Es, entonces, un desafío que se nos presenta transformar toda esta situación. Lo primero que pone en perspectiva es que a todos nos va a pasar, en algún momento, más temprano, o más tarde, y que no podremos evitar.

A los que quedamos de este lado, la única invitación que les hago es la de honrar con amor, lo que esa persona nos dejó. Una manera de hacer esto posible es no perdiéndonos en la tristeza. Este duelo es algo que debe ser transitado y que lleva un tiempo. Exhortemos a que nos traiga a la consciencia el permitirnos conectarnos realmente con los que tenemos cerca de una mejor manera. Esa mejor forma siempre será desde el amor.

La aceptación llegará de a poco. Esto no quiere decir que se esté de acuerdo con lo que pasó, pero sí conlleva la tarea de reconciliarnos con lo que pasó, por muy difícil de entender que esto sea.

De ahora en adelante nuestra existencia será indudablemente muy diferente a lo que fue antes. Así que nos toca aprender de nuevo a vivir. En esto busquemos todo el apoyo de los que están cerca, y si no podemos solos, existen profesionales que nos pueden acompañar a caminar nuestro duelo. Esto permitirá que en un futuro lo podamos transformar en algo en beneficio propio y de nuestros allegados.

Quizás la negación y la rabia por un tiempo serán nuestras compañeras. Estas emociones, aunque válidas, se debe evitar alimentarlas para que no se queden más tiempo de lo debido. Formularse lo que yo denomino las preguntas “inútiles” o sin respuesta lleva consigo una carga emocional que nos conduce a más de lo mismo (dolor, rencor y no aceptación). El preguntarnos ¿por qué? lo comparo como si a una herida de nuestro cuerpo físico nosotros mismos le echáramos ácido de batería. Nadie haría esto con una herida real, pero sí solemos perpetrarlo con nuestra parte invisible. ¿Para que infligimos más dolor emocional haciéndonos este tipo de preguntas? Sin duda, alguna esto lo debemos parar, no nos lleva a ningún lado, y no vale la pena.

Mi única misión es recordarlos con amor, y es la tarea que les propongo a todo el que se haya enfrentado con alguna pérdida similar. Debemos ir ajustando lo que sentimos siendo pacientes… sobre todo con nosotros mismos.

Toda circunstancia, luego de estos hechos, para mí ha perdido peso, sobre todo los problemas y conflictos emocionales. En la impronta de lo sucedido veo toda discordia como algo que se puede reparar, que tiene solución. Ellos me llevan hoy más que nunca a querer ser mejor persona. Estos seres de luz me enseñaron de golpe a amar más y a no postergar los encuentros. En el enojo y la aflicción es poco probable que sienta sus almas como las estoy sintiendo en este momento. Me dejaron el aprendizaje de que el único momento que tengo es el presente. Aquí y AHORA.

En esta vida de luces y sombras donde no tenemos el control de acontecimientos como estos, solo queda lo que sí podemos dominar, y en esta decisión radicará cómo serán nuestras vidas de ahora en adelante.

Yo elegiré, al igual que mis dos ángeles de luz, siempre el amor.

Hasta siempre…

Karim Goncalvez y Edgar Enrique Monserratt



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