Las enseñanzas de economía detrás de las fábulas de La Fontaine

Las fábulas representan un género literario que muestra a personajes animales o inanimados, con características humanas, como hablar. Estas historias concluyen con una enseñanza o moraleja al final. Hoy quiero hablarles específicamente de las fábulas de La Fontaine, un escritor clásico de este género.

Las fábulas de la Fontaine son numerosas, sus moralejas muy claras. Jean de la Fontaine fue un poeta francés del siglo XVII. Entre las más conocidas de sus fábulas tenemos “Los dos mulos”, “El lobo y el perro”, “El asno cargado de esponjas y el asno cargado de sal”, “la liebre y la tortuga”, “La gallina de los huevos de oro”, “la Cigarra y la Hormiga”, “El cuervo y el zorro”, “La rana que quería tener la corpulencia del buey”, “El zorro y las uvas”. Son muchísimas fábulas. Pero ¿qué enseñanzas nos dejan? Siempre nos dejan lecciones a los humanos, lecciones de la vida cotidiana, a través de animales y objetos inanimados. Entre esas enseñanzas, hay obviamente ¡lecciones de economía!.

Para Jean de la Fontaine, escribir fábulas se convirtió en una manera de hacer llegar un mensaje en forma de lección dada por animales, para no dirigirse directamente a las personas y herir susceptibilidades. Por supuesto que detrás de muchas fábulas, hay un economista camuflado.

Quiero empezar por comentarles la fábula de la liebre y la tortuga, que es muy conocida. En la narración una liebre y una tortuga apuestan quién llega primero a un lugar. Parece una apuesta tonta, porque obviamente una liebre puede correr cien veces más rápido que una tortuga, sin embargo la tortuga acepta el reto y se prepara para él. La liebre haragana, se acuesta debajo de un árbol, segura que ganará, pero durante su profundo sueño, la tortuga le gana terreno, al proseguir el camino sin detenerse. Al final, contra todo pronóstico, gana la tortuga, la más lenta, porque es la más constante en la carrera.

Igual pasa en la vida, muchas personas sobreestiman sus capacidades y posibilidades, lo que en economía se llamaría “las ventajas comparativas”, por lo que no hacen nada. Mientras aquellos que se sienten con pocas ventajas, luchan y se sacrifican más, desarrollando “ventajas competitivas” con lo que alcanzan más sublimes metas, ganando en la carrera de la vida.

Por ejemplo en “La cigarra y la hormiga”, la realidad de la cigarra que no planificó su economía, nos sirve como moraleja para aquellos países que derrochan sus recursos, sin prever crisis y recesiones. Hay países con muchos recursos naturales, que explotan sin ahorrar, dilapidando sus ingresos, tal como la cigarra cantarina. Cuando sobreviene la crisis, estos mismos países que no planifican su economía y se gastan todo sin ahorrar, no les queda más que rogar, pedir prestado y endeudarse con aquellos países ricos y mezquinos, que representarían a la señora “Hormiga”; que bien nos puede decir, “así como cantaste, baila ahora”.

Volviendo a la fábula de la liebre y la tortuga, estoy segura que puede servirnos como moraleja en las escuelas de economía. Los países dotados de riqueza natural, con “ventajas comparativas”, como es el caso de Venezuela, no necesariamente llegan primero en la carrera del desarrollo y del bienestar. Son los países que desarrollan “ventajas competitivas”, como la tortuga, los que se convierten en punta de lanza en el mercado mundial. Por ejemplo, Alemania, fue prácticamente la última nación europea en formarse y unificarse, y hoy en día es el motor económico de ese continente; su Edad Media fue incluso más larga.

No porque un país esté dotado de recursos naturales, que sería la potencialidad de la liebre para correr rápido, significa necesariamente que vaya a llegar de primero en la carrera del bienestar económico. Si ese mismo país con “ventajas comparativas” se echa debajo de un árbol a dormir, sólo explotando sus recursos sin producir nada, probablemente termine pidiendo a aquellos que como la tortuga, que aunque no es rápida por naturaleza jamás se detiene, de la misma manera que la cigarra mendigó un préstamo a la hormiga.

En la fábula de la gallina de los huevos de oro, hay también una moraleja de la economía. La ambición por obtener riquezas o ingresos extraordinarios, puede llevar a una persona, empresa o país a destruir la fuente de su progreso, al agotar o destruir un recurso que le daba bienestar, de allí la fama de la expresión de quiebra: “mató a la gallina de los huevos de oro”.

Como ven, hay un economista camuflado detrás de cada cosa, como en los cuentos de hadas y en las fábulas

Por Karelys Abarca Capdevilala tortuga y la liebre



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