Las excusas que nos damos para no ser felices

El momento perfecto para empezar a hacer cambios, para mejorar los caminos de tu vida, es siempre el presente. Muchas personas posponen el momento en que se sentirán felices hasta que tal o cual cosa ocurra o deje de ocurrir.

Y tú, ¿cuánto tiempo vas a esperar para empezar a manifestar la felicidad en tu vida?, ¿cuánto tiempo vas a esperar para empezar a expandir tu luz y tu bienestar?, ¿cuánto tiempo vas a tardar para autorizarte a sentirte feliz y triunfar en tu vida?

Muchos de los alumnos con los que me he encontrado, en los más de veinte años que llevo compartiendo este hermoso trabajo, me han relatado sus excusas para seguir perpetuando su sufrimiento.

Todos esperan a que algo ocurra para poder sentirse felices: cuando me cambie de casa, cuando encuentre al hombre de mis sueños, cuando adelgace, cuando mis hijos crezcan, cuando se me quiten las alergias, cuando encuentre un trabajo, cuando gane más dinero, cuando solucione mis problemas económicos, cuando arregle la situación con mi marido, cuando “encuentre” el coraje para separarme, cuando mi hijo se cure, cuando cambie el gobierno, cuando mi padre me quiera, cuando cambien a mi jefe, cuando mis hijos me respeten, cuando me quite la celulitis, cuando me pueda operar la nariz, cuando me case, cuando tenga hijos, cuando me jubile, cuando haya pagado la hipoteca, cuando encuentre nuevos amigos, cuando termine los estudios, cuando, cuando, cuando.

El error radica en que para que esos cuándos lleguen, el primer paso, necesario e imprescindible es sentirte feliz, es enchufarte con una corriente energética de bienestar.

Todas las personas, consciente o inconscientemente, esperan a que algo exterior a ellas cambie para poder sentirse felices. Pero ese algo exterior raramente cambiará mientras no modifiquen su enfoque interior, mientras no escojan su propia luz.

Las corrientes energéticas a las que nos enchufamos

En la realidad, tal y como yo la percibo, hay una infinidad de corrientes energéticas que coexisten y circulan incesantemente a nuestro alrededor. Esas corrientes van desde el nivel más luminoso, ligero y brillante hasta el más oscuro, denso y pesado.

Cada uno de los pensamientos que tenemos está provocando en nosotros una sensación o emoción que pertenece a un determinado nivel vibratorio. La onda energética que genera esa emoción o sensación nos conecta instantáneamente con una corriente de un nivel energético similar. De este modo, si el pensamiento ha sido generado desde la luz de tu corazón, te enchufarás a una corriente luminosa de bienestar, sintiéndote feliz al hacerlo. Por el contrario, si el pensamiento ha sido generado desde tu, siempre oscuro, ego, y no haces nada para cambiarlo, te estarás conectando a una corriente energética oscura, del mismo nivel vibratorio que ese pensamiento que te has autorizado tener. ¿Resultado? Te sentirás mal.

Las consecuencias prácticas de enfocarte en una u otra corriente son de tal naturaleza que van a determinar el rumbo de tu vida, tus experiencias, tus vivencias y tu grado de bienestar en un futuro más o menos próximo, más allá incluso de esta experiencia humana. Al enfocarnos en un pensamiento oscuro o una situación desagradable, nos vemos embebidos en la consecuente emoción dolorosa enchufándonos así a un tipo de corriente que automáticamente nos lleva a experimentar situaciones en las que recrear esta emoción una y otra vez. Si, por el contrario, en el momento en que aparece el malestar, nos enfocamos en un pensamiento, consciente y constructivo, de una situación más agradable, permitiendo así su correspondiente nueva emoción, lo que estaremos creando, reiteradamente, también será agradable.

Aquello en lo que nos enfocamos creamos

En el momento en que estamos enchufados a cualquier tipo de corriente energética, estamos instantáneamente atrayendo pensamientos, emociones, situaciones y circunstancias de ese mismo nivel vibratorio. Es como si entrásemos en una determinada dimensión de la existencia.

Por tratar de ofrecerte una metáfora es como si estuvieses en una sala de cine con infinitas salas y una infinita selección de películas para escoger. Tú tienes el poder de elegir qué tipo de película quieres ver, qué tipo de emociones quieres sentir. Si escoges tratarte bien y pasar un rato agradable irás a ver una película romántica o una historia de fantasía o de superación personal o una comedia. Si, por el contrario, deseas experimentar emociones oscuras y malestar irás sin duda a ver una película de terror o de horror o una película bélica o violenta. En cualquier caso eres tú quien escoges la experiencia emocional a la que quieres enchufarte.

No más excusas

Esperar a que algo ocurra o algo o alguien cambie para poder sentirte feliz no funciona. El universo no funciona así y esa forma de pensar tan extendida entre los seres humanos solo nos perpetúa en la frustración y la sensación de impotencia.

¡Atrévete a enchufarte a corrientes de bienestar a través de la elección consciente de pensamientos escogidos desde tu corazón, siempre luminoso!

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