Las expectativas inhiben nuestra felicidad

La eterna búsqueda del ser humano: Ser Feliz. Más allá de fallidos decretos, listas de deseos en rituales navideños y libros del New Age, lo cierto es que tarde o temprano todos nos encontramos en algún momento de nuestra vida tal como Will Smith en su película: En busca de la felicidad.

Llámese trabajo, pareja, familia, hijos o país lo que está de fondo es ese anhelo tan nuestro de alcanzar la paz interior, esa emoción en la cual nos sentimos conectados con algo superior a nosotros, que nos da alegría y plenitud. Sin embargo, con frecuencia observo y escucho que las personas que vienen a tener una conversación de coaching no pueden conectar con lo que ellos juzgan es su felicidad, como si fueran esclavos o presos de algo.

Y mi escucha me dice que –en general– esto tiene que ver con dos elementos: nuestro juez personal y las expectativas.

Nuestro juez personal. Que diariamente, minuto a minuto está juzgándolo todo a nuestro alrededor, para bien o para mal. Ese juez personal –le decía a una coachee hace unos días– es nuestro principal verdugo. Sus sentencias son el cultivo perfecto para nuestro sufrimiento más profundo. Nuestro juez personal es el que nos dice “no confíes”, “hazlo todo tú”, “no puedes aprender esto” o “ya no me ama”. Ese juez personal va a estar allí siempre, no podemos “desenchufarlo” por completo. Lo que sí podemos es bajarle el volumen, acallarlo un poco, para lo cual la meditación es una poderosa herramienta. Acallando a nuestro juez personal, podremos escuchar más a nuestra alma, una especialista en conectar con espacios de felicidad pura.

Las expectativas. En otra conversación, un coachee me contaba sobre una situación familiar que lo hacía sentir muy infeliz –le pregunté: ¿Qué esperaba que esos seres queridos hicieran? Su respuesta fue una larguísima lista de acciones y deseos en los cuáles la persona no podía decidir ni influir directamente. La locha que le cayó fue contundente al mostrarle que esa era tan sólo, toda su expectativa. Al soltar dicha expectativa y ser consciente que no dependía de él –y que además no le correspondía más sentirse culpable– pudo sentir una liberación, se sintió en paz, feliz.

Es así que desde mi mirada juzgo que las expectativas inhiben la felicidad, por eso si quieres conectar con ella –y ¡no buscarla tanto!– te desafío a soltar toda expectativa que tengas en ese dominio donde sientes que te hace falta. Te invito a soltar el resultado y poner más el foco en los detalles del camino, de la conversación de pareja, de los momentos con la familia, del quehacer en el trabajo. El tamaño de la felicidad es directamente proporcional al tamaño de tu expectativa. Si te fijas, cuanto más grande es tu expectativa por lo que pasará, más pequeña será tu felicidad. Suéltala.

Muy probablemente, acallando tu juez personal y soltando tu expectativa, estarás sin darte cuenta, siendo feliz.

 



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