Las herencias y la educación financiera

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Hace tiempo veía en uno de mis programas financieros favoritos un caso de una joven de 16 años que contaba sus deseos de comprar un automóvil Mercedes Benz con una herencia que su abuela le había dejado. Aunque la moderadora del programa le hizo ver todo lo que podía hacer a futuro con ese dinero si lo invertía correctamente, los argumentos de la joven eran típicos de una mentalidad financiera adolescente e irresponsable: “Es un dinero que me dejó mi abuela para utilizarlo en lo que yo quiera, y ese vehículo es el que me gusta”.  La impresión que nos llevamos todos los que escuchábamos a la joven nos llevó a reflexionar acerca de la conciencia financiera y el tema de las herencias.

Con frecuencia vemos que las telenovelas cuentan historias de personas que se hacen ricas de la noche a la mañana producto de la suerte o de herencias. Aparecen de la nada personas que nunca conociste que te dejaron millones antes de morir. Nada más infantil que creer que te va a llegar un pariente lejano con una millonada de regalo a resolverte la vida, porque en realidad las personas que hacen millones valoran su dinero y por ende no andan por ahí regalando todo lo que trabajaron durante toda su vida.

He conocido cientos de casos de familias que se pelean por bienes irrisorios, aunque cada uno tenga estabilidad económica. Este tipo de personas me dejan una clara idea del valor exacerbado que le otorgan al dinero en sus vidas, incluso poniéndola por encima del amor familiar. La repartición de bienes se convierte en una forma de reclamar cualquier vacío o error que la persona fallecida les haya hecho en vida, y definitivamente mientras menos querido o mientras más hayas acompañado al fallecido en sus últimos días, con más derechos te sientes de recibir toda la herencia, aunque tengas que pelearte con toda la familia y convertirla en tu enemiga.

Por otro lado están los hijos “alacranes”: esos que nacieron, crecieron y se reprodujeron pegados de la falda de mamá (o de papá, o de ambos), les llenaron la casa de nueros, nietos y bisnietos en un entorno de total fraternidad familiar y sin un mínimo de independencia económica, pero que apenas terminan de enterrar al progenitor, echan por la borda todo el amor y convierten el único bien familiar de 3 generaciones en un terreno de guerra entre hermanos por la posesión de la “herencia”. El tema es: ¿De quién es la culpa de tanto apego al bien material?

La respuesta para mí es clara y evidente: Los valores financieros y la relación con el dinero es algo que se adquiere de los padres y la familia, pues no existe ninguna cátedra de conciencia financiera en el colegio, el liceo ni la universidad. Las creencias y  la relación con el dinero, ese “no toques ese dinero que es sucio” no lo enseña ningún libro. Los valores de trabajo, productividad, ahorro, inversión y plan financiero de vida es una tarea de familia.

Es definitivamente absurdo enseñar a los hijos a darles todo lo que piden sin nada a cambio (valores de intercambio tales como la disciplina, buenas notas o un cuarto limpio), pues al final estás matándote para darle cosas a tu hijo que no valora, a quien se le da todo con sólo abrir la boca, hacer berrinches en una tienda o, peor aún, que solamente está esperando que tú te vayas de este mundo para correr a adueñarse de todo lo que dejaste. Sin darte cuenta, le estás haciendo el daño más amoroso del mundo: los estás haciendo inútiles con el dinero, y estás formando personas que no van a saber como producir, porque durante toda su vida el dinero les llegó por arte de magia.

Si quieres dejarles a tus hijos una gran herencia ( de esas que dejan los padres ricos a sus hijos en la vida real), enséñalos a ganarse las cosas, incúlcales el trabajo como un placer y no como un sacrificio, a vivir una vida de humildad (que nada tiene que ver con pobreza), y edúcalos para que aprendan a producir, manejar y hacer crecer su propio dinero. De esta manera, a los 18 años (si, a los 18!) tus hijos serán financieramente responsables, estarán preparados para cortar el cordón umbilical financiero y tú podrás disfrutarte el dinero y los bienes por los que tanto trabajaste durante tus mejores años, sin preocuparte si tus hijos tendrán o no para vivir el día que tú no estés en este mundo.

En el mundo de las finanzas familiares, enseñar a pescar en lugar de dar el pescado, es la gran herencia que puedes dejar a tus hijos y nietos, pues nadie valora lo que no se ha trabajado.

 



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