Las máscaras solo sirven en Carnaval

Las máscaras solo sirven en Carnaval

Usualmente el Carnaval es el momento cuando nos ponemos disfraces y máscaras. Es divertido participar de comparsas y fiestas, pero ¿qué pasa cuando sigues usando máscaras fuera de esa celebración? Me refiero a no ser genuinos, eso ya no es tan divertido.

La valentía de mostrarte tal cual eres

Vivimos en mundo donde nos han enseñado a encajar. En la adolescencia, esto es más marcado aún, y muchas veces continuamos con esa actitud aunque ya no seamos adolescentes. Nos acostumbramos a hacer lo que se espera hagamos y nos acoplamos a costa de nosotros mismos. No nos atrevemos a decir lo que verdaderamente queremos, ni a dar nuestras sinceras opiniones.

Así, vamos construyendo una cárcel, la que nos impide ser nosotros mismos. Esa cárcel nos aleja de la felicidad y de tener relaciones verdaderas. De hecho, es lamentable que no sepas si la gente te quiere por lo que eres o por lo que haces por ellos.

Esto ocurre así hasta que encontramos la valentía para mostrarnos como somos. Usualmente ocurre cuando ya estamos bastante crecidos y nos preguntamos hasta cuándo esperamos para ser felices. Sin embargo, mi sugerencia es que ocurra antes, para que así tengamos una vida plena. Lo bueno es que puedo dar fe de que eso se logra y trae consigo una felicidad enorme. Para ello hay que fortalecer la autoestima y despertar nuestra conciencia.

En Carnaval y en todo momento, puedes ser tú

Eres un ser maravilloso, lleno de dones, amor y otros buenos sentimientos. También tienes cosas por mejorar, pero tu esencia, como la de todos, es perfecta. Somos al mismo tiempo humanos y divinos, y los dones de Dios están en cada uno de nosotros. Han sido tus condicionamientos y las ideas equivocadas que has ido construyendo de ti las que han hecho que te veas como te ves ahora.

Y podrías decir defendiéndote: “bueno, yo me veo bien”. Esa es una máscara superficial que has construido como una forma de compensar todas las fallas y cosas negativas que creíste equivocadamente de ti. Es como si fueras una cebolla a la que hay que ir quitando capas. Las primeras lucen bien, las del medio guardan ideas negativas y erradas de ti y luego llegas al centro, tu esencia, al fantástico ser humano que eres.

Ser honesta(o) no significa hablar con rudeza

Una de las áreas donde usamos máscaras en en nuestra comunicación. A veces hemos concluido que es mejor callarnos para no crear conflictos. Entonces, vamos guardando nuestras verdaderas opiniones e incluso, a veces decimos lo contrario a estas. Desde mi punto de vista, ese es un error.

Pero es un error también no aprender a comunicarnos amorosa y honestamente. Estas dos características no son excluyentes. Al mismos tiempo, es preciso reconocer que no eres dueño de la verdad, que tu punto de vista es eso, una perspectiva de las cosas, pero no la verdad absoluta. La interpretación de los eventos depende de nuestro sistema de creencias y cada uno tiene el suyo. Por tanto no tiene sentido querer imponer que miren las cosas como nosotros.

Comunicarse es un arte, y puedes aprender a decir tu verdad, respetándote, pero también respetando al otro. Una frase que Bob Mandel me recordó que uno puede decir es: “respetuosamente estoy en desacuerdo contigo”. Entonces, frases como estas te serán muy útiles: “la forma como yo veo esto es…”, “yo creo que…” (en lugar de “tú tienes que…”), “entiendo lo que me estás diciendo y mi punto de vista al respecto es…”.

Cuando aprendes a usar las palabras adecuadas, puedes ser genuino y gentil. Entonces, ya no necesitas máscaras ni disfraces, simplemente puedes ser y expresarte libremente.

La autoestima, fundamento para ser tú

Para mí, el amor es la base de todo. Comienza en cada uno de nosotros y, por supuesto, se construye en ti. El sentido de amor propio te ayuda a darte cuenta de que está bien ser tú y que puedes mostrarte como eres.

Si esa sensación de valía no está fortalecida, allí es donde usas máscaras. En ese caso, hay cambios internos que hacer. Se comienza por conocerte profundamente y ver quién eres, qué quieres en tu vida, qué te hace feliz. Estas respuestas no surgen de inmediato, son preguntas complejas que requieren de tiempo, silencio y a veces ayuda de un terapeuta. Al responderlas pueden llevarte a un mejor lugar, a un espacio de reconocimiento de la maravilla que eres.

Cuando aprendes a amar y respetar ese maravilloso ser humano al que ves cuando te paras frente a un espejo, te das el permiso de ser verdaderamente quien quieres ser y brillar en toda tu luz. ¿Quieres intentarlo? Eso espero.



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