Las puertas de la vida. Perderte de ti o perderte en ti

No todo es maravilloso

No todo es dolor

No todo es luminoso

No todo es sombrío

No todo es justo

Aprender a vivir con el no todo es fluir con lo que la vida nos ofrece… es comprender que algo mucho más inmenso que nosotros nos trasciende y que tiene un orden perfecto más allá de nuestra capacidad de comprensión. Es así como la vida nos brinda la posibilidad de transitar a través de dos puertas: una luminosa donde aparecen el éxito, la comodidad, el gozo, el crecimiento, la expansión y otra sombría, donde aparecen las heridas, la contracción, el dolor y la tristeza.

La puerta del éxito y la comodidad nos lleva a poner el foco de nuestra vida afuera: en lo que hacemos y logramos. Surgen emociones altamente excitantes, momentáneas y efímeras; no hay espacio para la reflexión, es una vida esencialmente individualista, basada en logros personales o materiales. Es una búsqueda constante de metas por cumplir, viviendo con la necesidad de completar algo; donde es importante ser aprobado, destacado, premiado o aplaudido. Aquí también está el reconocimiento, el brillo y la realización personal.

La otra puerta es la del dolor y la tristeza: regocijándonos constantemente en nuestras heridas, no hay espacio para soñar y la ilusión pareciera no tener cabida; es un mundo donde las posibilidades se oscurecen. No se le da espacio a la sonrisa, a la alegría… Es una vida frágil que pierde sentido y propósito, llena de culpa, de castigo, de derrota y de soledad. No obstante, aquí están nuestros recursos personales, reconocemos nuestras fortalezas, está la capacidad reflexiva y el aprendizaje.

La vida nos ofrece estas dos puertas para que con sabiduría las transitemos. Elegir solo una de ellas significa perderte de ti o perderte en ti. Ambas son absolutamente necesarias y complementarias. A través de ellas nos vamos convirtiendo en seres humanos más sensibles y fortalecidos y sobre todo más humanos.

“Las alabanzas y las injurias son como espinas

que se clavan en tus pies, no le des demasiada importancia,

más bien procura quedar anclado en tu propio ser…”

Inspirado en el libro La llave de la buena vida de Joan Garriga



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