Las reglas de Michael Pollan (III)

Disculpen la ausencia del martes pasado, pero estuve explorando a fondo la gastronomía tapatía, en Guadalajara, y en las próximas semanas escribiré algo al respecto. Todavía quedan varias reglas* de Michael Pollan por compartir, así que la invitación es la misma: si necesitan algún consejo concreto, háganmelo saber en los comentarios, por favor.

Regla 21: no es comida si tiene el mismo nombre en todos los idiomas

Piensa en Cheetos, Doritos, Oreo, Coca-Cola, Big Mac, Whopper… Productos conocidos en cualquier parte del mundo con el mismo nombre y que, además, están hechos en plantas industriales y no por manos humanas. Pollan es tajante, sabe que la mayoría tiene altas concentraciones de azúcar, químicos o sal, o de los tres al mismo tiempo, y que estos alimentos representan la peor cara de la globalización. Las marcas con presencia internacional quitan espacio a la diversidad regional y desnaturalizan nuestra cocina, la de nuestras madres y nuestras abuelas. No es solo un consejo vinculado a la salud, sino también a la tradición. Si lo prefieres, aplica la regla de forma positiva: consume alimentos cuyos nombres cambien entre un idioma y otro. Como siempre, hay excepciones, pues no puede decirse que toda pizza sea perjudicial para nuestra salud, pero creo que la regla es bastante clara.

yogurtRegla 33: come algunos alimentos que hayan sido predigeridos por hongos o bacterias

En la segunda entrega de estos artículos mencioné algo sobre la comida que tiene fecha de caducidad y aquí hay un consejo para extender esa idea. La fermentación es un proceso donde las personas controlan la presencia de microorganismos en los alimentos para obtener, luego de un tiempo, algo distinto. Químicamente, la fermentación consiste en convertir el azúcar  en etanol, gracias a la intervención del aire, y las aplicaciones son variadísimas, desde el yogurt hasta el vino. Cuando Pollan habla de “algunos alimentos” lo hace porque no todos son recomendables, como el pan de harinas blancas o el ron, pero hay una lista de productos milenarios como la salsa de soya, el tofu y el kimchi que son francamente saludables. Considerando que el kimchi no es apto para todos los paladares, puedes optar por algo más común: yogurt o un vaso de vino al día. Se trata de fuentes naturales de vitamina B12 y probióticos que mejoran los sistemas inmunológico y digestivo.

Regla 59: trata de no comer solo

Este punto me parece muy polémico pues desde el punto de vista estadístico no hay un buen sustento. Quienes están acostumbrados a comer bien estando solos, suelen comer más en una mesa con más gente, así que para evitar meterme en camisa de once varas prefiero ignorar el enfoque de Pollan, quien asegura que comer solo es comer mal: en muchas cantidades y con poca variedad. No lo veo así. Sí estoy de acuerdo con Mark Bittman, pues para él sentarse en la mesa es una actividad históricamente colectiva. Pocas cosas convocan amistad y socialización como lo hace una buena comida y, en ese sentido, creo que comer acompañado es comer más feliz. No olvides que para alimentarse bien no basta unir el gusto y el olfato.

*Las reglas de estos artículos provienen del libro Food Rules, de Michael Pollan. Están traducidas y copiadas textualmente, pero los argumentos son paráfrasis mías, con datos de otras fuentes.

 



Deja tus comentarios aquí: