Las urbes se visten de mats

Todo el que viva en Caracas sabe que el estrés está casi garantizado tan pronto ponemos un pie fuera de casa. Entre su ya famoso tráfico e inseguridad, esta ciudad reta cada día los nervios y el equilibrio tanto físico como mental de sus habitantes. Es por ello que el día que me topé en Twitter con @Yogaenlaplaza (cuenta que invitaba a sus seguidores a reunirse en un espacio público para compartir gratuitamente una hora de yoga), no pude menos que sentir curiosidad pues: ¿qué de relajante podría tener hacer yoga en plena urbe, acompañado por un montón de extraños y ante los ojos de cientos de curiosos?

Para que se den una idea de la sorpresa que me llevé al asistir, la plaza en cuestión suele lucir como una más del montón un lunes cualquiera por la tarde. Sin embargo, una vez que el reloj marca las 7pm su piso de cemento desaparece bajo un mar de «mats» multicolor, mientras un nutrido público que suele alcanzar un promedio de 700 personas por clase aguarda ávido a que comience la acción. Este fenómeno se repite cada lunes y viernes por la noche en la Plaza Los Palos Grandes del municipio Chacao, en Caracas.

Vista la impresionante acogida que ha tenido esta actividad, la empresa organizadora Pura Energía decidió llevarla a otro nivel. Fue así como a finales del mes de julio cerraron un tramo de la avenida Francisco de Miranda (una de las más concurridas de la capital) para ofrecer una mega clase de yoga, esta vez dedicada a la paz y la seguridad del país. Más de 2000 personas convirtieron a ésta en la clase de yoga más grande que se haya brindado en Venezuela hasta el momento.

El representante de Pura Energía, Franco Tintori, sostiene que lo que se busca es que «todos nos conectemos en el amor, la paz y la unión, mientras drenamos tanto estrés y nos enriquecemos espiritual, mental y físicamente a través del yoga «.

En otras latitudes
Si alguna vez ha caminado por Time Square en Nueva York, usted sabrá que ése es uno de los lugares más bulliciosos, concurridos y con más elementos de distracción que existen en el planeta (empezando por sus enormes vallas alusivas a los estrenos de Broadway, y terminando por el sin fin de luces a su alrededor). Por ello, la idea de que este sitio se convierta en un entorno que invite a la relajación resulta casi impensable… pero no imposible, pues el yoga lo logró. A fin de celebrar la llegada del solsticio de verano, el 20 de junio pasado miles de yoguis tomaron las calles de este turístico punto de la Gran Manzana para disfrutar de una mega clase que fue reseñada por diarios y noticieros de todo el mundo, y para muestra un botón: aquí te la mostramos.

Además, y para aprovechar las bondades del clima veraniego, la gente de «Open Air Yoga» también ha estado ofreciendo clases al aire libre en locaciones tan hermosas de Nueva York como el Central Park y el Battery Park; al tiempo que la plaza principal de Dupont Circle, en Washington DC, presta sus espacios para la práctica colectiva del yoga.

El viejo continente no se queda atrás. En Londres, por ejemplo, grupos en internet como Meetup convocan al público en general a sacar sus mats de los fríos gimnasios para usarlos en espacios verdes y abiertos como el conocido Hyde Park.

yoga-urbeAsí las cosas, está visto que hasta las grandes metrópolis disponen de espacios que pueden convertirse en una suerte de jardín zen para sus habitantes si así lo quisieran. Bien sea en una plaza, en un parque o hasta en la azotea de un edificio, la práctica del yoga se adapta a cualquier lugar y puede resultar mucho más gratificante cuando se realiza al aire libre y en compañía de muchos pares a fin de sintonizar las buenas energías.

Para alguien que aprendió esta disciplina dentro de las cuatro paredes de un gimnasio, la idea de hacer yoga al aire libre no resultaba muy atractiva al principio. Sin embargo, después de probarlo, hoy puedo decir que esta práctica incluye un paquete de estímulos para los sentidos que lo harán sentir más vivo y que ningún gimnasio le podrá ofrecer (desde la brisa refrescando su piel, hasta tener por techo un cielo azul o estrellado –según sea el caso-, el sonido de los pájaros cantando, etc). Haga la prueba. A mí se me ha vuelto un deleite que ahora aparece fijo al menos 2 veces por semana en mi agenda. Tantas ciudades en el mundo no pueden estar equivocadas. Salga y disfrute la suya mientras inhala, exhala y se dedica un largo ommm.



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